RESUMEN

El que fuese presidente del Gobierno español, Adolfo Suárez, se ha convertido en los últimos años en uno de los mitos fundacionales de la democracia española. A pesar de salir en 1981del Gobierno, enormemente desprestigiado, al fallecer se presentaba en todos los medios de comunicación como el auténtico artífice de la Transición a la democracia y como un modelo de virtudes políticas. En este trabajo pretendemos estudiar la construcción de la narrativa sobre Suárez y su memoria a partir de su abandono del Gobierno. Para ello hemos elegido cinco fechas que creemos pueden servirnos con claridad para mostrar ese camino: su dimisión; su actuación en el 23F; su dimisión definitiva de la política con el CDS; la concesión del Premio Príncipe de Asturias; y su fallecimiento. Para el análisis hemos elegido los diarios de mayor circulación en España y Portugal. Hemos querido hacer un estudio comparativo para ver si la memoria de Suárez también cambió en el exterior. Tras su análisis hemos podido comprobar que los pasos en esa construcción del mito comienzan unas semanas después de salir de la presidencia, en el golpe del 23F. Su abandono definitivo de la política permitió que se pudiera valorar su figura sin partidismos y entonces llegaron los reconocimientos y los premios. Su fallecimiento, en plena crisis política, aumentó el valor de su figura, en el que también influye la nostalgia de la Transición como etapa de concordia y consenso y la necesidad de símbolos de unidad entre los españoles.

Palabras clave: Adolfo Suárez; Transición; prensa; memoria.

ABSTRACT

The former Prime Minister of Spain, Adolfo Suárez, has become one of the founding myths of Spanish democracy in recent years. In spite of leaving the government in 1981, in great disrepute, when the former president died he was presented in all the media as the true architect of the Transition to democracy, and as a model of political virtues. In this paper we aim to study the construction of the narrative about Suárez and his memory after his departure from government. To do so, we have chosen five dates that we believe can clearly show such path: his resignation; his actions in the 23F; his definitive resignation from politics with the CDS; the awarding of the Prince of Asturias Prize; and his death. For the analysis we have chosen the newspapers with the highest circulation in Spain and Portugal between 1981 and 2014. We have intended to carry out a comparative study to see whether the memory of Suárez also changed abroad. After our analysis, we have been able to verify that the steps in the construction of the myth began a few weeks after his departure, almost through the back door of politics, in the 23F coup d’état. His departure from politics allowed his figure to be appreciated without partisanship, and then the recognition and awards came. His death, in the midst of the political crisis, increased the value of his figure, which was also influenced by the nostalgia for the Transition as a period of harmony and consensus and the need for symbols of unity among Spaniards.

Keywords: Adolfo Suárez; democratic transition; newspapers; memory.

Cómo citar este artículo / Citation: Langa-Nuño, C. (2022). La construcción de un mito. Suárez en la prensa portuguesa y española (1981-‍2014). Historia y Política, 48, 109-‍141. doi: https://doi.org/10.18042/hp.48.05

SUMARIO
  1. RESUMEN
  2. ABSTRACT
  3. I. Introducción. Del desencanto al mito: Suárez y la Transición
    1. 1. Hipótesis
    2. 2. Metodología
    3. 3. Adolfo Suárez y la comunicación
  4. II. Desarrollo: la imagen de Suárez en la prensa española y portuguesa (1981-‍2014)
    1. 1. Dimisión de Suárez, 29 de enero de 1981
    2. 2. Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981
    3. 3. Abandono definitivo de la política
    4. 4. Premio Príncipe de Asturias de la concordia, 1996
    5. 5. Fallecimiento, 31 de marzo de 2014
  5. III. Conclusiones
  6. NOTAS
  7. Bibliografía

I. Introducción. Del desencanto al mito: Suárez y la Transición[Subir]

El funeral de Estado que el Gobierno de Mariano Rajoy organizó a Adolfo Suárez en 2014 marca el final de la trayectoria vital de una figura, sin lugar a dudas, clave en la Transición política española, y de su conversión en mito de la etapa.

De ser un político popular, pasó al desencanto que rodeó a su figura en los últimos meses de su Gobierno (expresión utilizada por Santos Juliá[2]). Él mismo afirmó en una entrevista concedida en esos momentos: «Soy un hombre absolutamente desprestigiado»[3]. De ahí pasó a ser considerado la figura clave en la entrada de España en la senda democrática. Muchas fases y muchas imágenes para el mismo hombre que, con sus luces y sombras, innegablemente ocupó un lugar central en los primeros pasos de la Transición.

Intentar acercarnos a un personaje tan relevante como Adolfo Suárez en la historia de España es bastante arriesgado. Y no por la importancia aceptada o no de su labor como político, sino porque en los últimos años la Transición se ha convertido en tema central de la historiografía española. No solo por los estudios que han trabajado la Transición en general, y el papel de Suárez en ella; también por los que, como veremos, se han dedicado a su relación con la prensa. Aun así, y precisamente por la relevancia del personaje, creemos que sigue siendo necesario su estudio. En nuestro caso no nos proponemos valorar su obra política o su legado. Lo que pretendemos, modestamente, es algo bien distinto: estudiar la memoria de la figura de Adolfo Suárez. Para ello acudimos a la memoria que ha ido creando (y recogiendo) la prensa. Queremos entender si la prensa, en general, comparte una memoria o memorias del político español y cómo ha ido construyendo la narrativa en torno a su figura. Una figura que pasó del prestigio al desprestigio; del protagonismo a la casi irrelevancia, y del escarnio a la mitificación.

Nos interesa en este artículo una aproximación a Suárez como mito fundacional de la Transición. No tanto su fase como presidente o post-UCD con el CDS, sino el recuerdo de su aportación a la Transición española. Por ello vamos a estudiar la imagen que la opinión pública ofreció de él. Pero también nos interesa acreditar si esa imagen interior coincide con la imagen exterior. Y es que la figura de Adolfo Suárez es quizás la imagen más conocida de la Transición española en el extranjero junto a la de Juan Carlos I. Por ello queremos comprobar si la construcción de la imagen que en España se fue ofreciendo sobre su figura, corresponde con la imagen que desde el exterior se esgrimió.

Para ello, vamos a trabajar en perspectiva comparada (o conectada[4]), centrándonos en la prensa española y portuguesa. Queremos comprobar si la narrativa que llega de la memoria de Suárez al exterior siguió los mismos caminos. Resulta fácil defender la elección de Portugal, no solo por la cercanía geográfica, sino por el paralelismo de los acontecimientos vividos en sus transiciones, lo que motivaría una especial atención a lo ocurrido en España. Además, el proyecto de investigación en el que se circunscribe este trabajo tiene como objetivo esa mirada comparativa de las transiciones ibéricas. Efectivamente, como diversos investigadores han demostrado[5], España siguió con interés el desarrollo de los acontecimientos de la Revolución portuguesa y sucedió lo mismo con el país vecino hacia España, aunque son menos los estudios que lo han trabajado[6].

Para completar el estudio de las imágenes e identidades creadas en esta etapa histórica en ambos países, nos parece que la prensa es una fuente de primera magnitud por la presencia que innegablemente tuvo, no solo como observador de los rápidos cambios vividos, sino como actor de dichos cambios.

1. Hipótesis[Subir]

Partimos de la idea de que fue tras su abandono de la política, y conforme fue avanzando la democracia española, cuando se fue creando el mito sobre el papel de Suárez en la Transición. Y ello relacionado con los sucesos de la política española posterior. Si Suárez abandonó el poder en medio del mayor desprestigio producto de su última etapa como presidente del Gobierno —y tras unos comienzos espectaculares por sus grandes logros[7]—, muy pronto su imagen se recupera: tan pronto como el 23 de febrero de 1981 cuando, aún presidente, asiste a la elección de su sucesor y es sorprendido por el golpe de Estado de Tejero. Su actitud, de una dignidad incuestionable, fue el principio de su cambio de imagen. Pero fue después del abandono definitivo de la política, tras la etapa del CDS, cuando su imagen como artífice de la Transición y como pieza clave de la traída de la democracia en España se fue consolidando, algo muy claro en los años noventa, en los que los premios no pararon de lloverle (los años de la canonización, según expresión de Gregorio Morán[8]). Cuando fallece, en 2014, y después de varios años en los que se mente estaba nublada por el alzhéimer, su figura ya estaba totalmente mitificada. Creemos que la construcción de la narrativa sobre Suárez fue una mezcla de reconocimiento de sus grandes logros en su primera etapa como presidente de Gobierno, una vez olvidados los problemas y carencias de la segunda, pero, sobre todo, una reivindicación de los logros de la Transición española cuando la política y los problemas presentes hicieron que se volviera la vista con nostalgia hacia el pasado. Y tiene mucho que ver con la necesidad de encontrar referentes y con un mito fundacional, los llamados padres de la patria.

2. Metodología[Subir]

Este es un trabajo sobre prensa: la prensa es la fuente principal y también el objeto de estudio. No nos interesa usar la prensa para completar el conocimiento sobre una etapa, sino conocer la narración que la prensa ofreció para entender cómo reflejó (o ayudó a construir) la imagen, la representación de Adolfo Suárez.

Aunque en todos los estudios de historia de la comunicación partimos de la necesidad de prestar especial a los medios en sí (empresa editora, comité de redacción, tipo de publicación, línea editorial, características de la información y análisis de contenido, tiradas y circulación, formato, tipo de discurso, etc.[9]), también es necesario llamar la atención del contexto político en el que surgen y circulan. En este trabajo partimos de la idea de la comunicación como mediadora social. Los estudios de las medicaciones son una buena herramienta metodológica para aproximarnos al estudio que proponemos en este artículo. La comunicación pública es una de las fuentes de esos relatos mediadores o narraciones según Martín Serrano (‍2004: 40), que afirma que «ponen en relación los sucesos que ocurren con los fines y con las creencias en cuya preservación están interesados determinados grupos sociales». Hemos de tener en cuenta también, como alegan Antonio Laguna y Francesc Martínez Gallego (‍2014: 232), que «los medios no producen la comunicación, sino que son producidos por las necesidades sociales (en un sentido amplio) de comunicación». Efectivamente, si esto fue fundamental en la Transición, pues está demostrado que los medios de comunicación jugaron un papel esencial para crear opinión tras cuarenta años de censura, también lo es para estudiar la memoria de ese acontecimiento.

En este sentido, compartimos las ideas de Federico Bellido sobre la relevancia que tienen los medios en la construcción de la memoria de la Transición. En su tesis sobre la memoria de la Transición a través de la televisión, parte de la idea de que «los medios, al construir determinadas narrativas mediáticomemorísticas sobre el pasado, más allá de su carácter informativo o estrictamente divulgativo, actúan con una finalidad mucho más decididamente política, que tiene que ver principalmente con lo ideológico, pero también con lo memorístico y lo identitario»[10]. Sobre la memoria de la Transición añade (‍2019: 19):

Considerada por muchos como el acto fundacional del actual régimen político ha sido y sigue siendo constantemente sometida a una multitud de mitos, críticas y lecturas de toda índole. Fuente de legitimación de las actuales instituciones y de multitud de sus actores políticos, la producción y difusión de sus innumerables relatos mediáticomemorísticos siguen poseyendo a su vez un elevado grado de funcionalidad institucional y política y, en ese sentido, los medios de comunicación...

Es este el punto de partida de este trabajo donde se mezclan la historia, la memoria, y la representación o la narración de la historia que los medios de comunicación elaboraron. Y ello porque, volviendo al trabajo de Bellido (ibid.: 77), «lo que la mayoría de españoles sabe de la Transición surge en gran medida de lo que los medios de comunicación de masas han difundido y divulgado de ella».

3. Adolfo Suárez y la comunicación[Subir]

Adolfo Suárez ha sido objeto de numerosos trabajos. Libros, artículos, tesis doctorales… Es difícil resumir en este trabajo todas las opiniones que se han vertido sobre su figura y toda la historiografía centrada en su figura[11]. Como el espacio no lo permite, nos vamos a centrar en los estudios sobre la relación de Suárez con los medios de comunicación, aunque, lógicamente, han sido básicas algunas de sus biografías[12].

Son numerosos los estudios que defienden el papel de la prensa en la Transición y los análisis de medios o de etapas. También encontramos estudios específicos tanto del periodo en que Suárez fue presidente del Gobierno como trabajos que analizan etapas concretas o puntos de vista concretos de su papel público. Sobre cómo contaron distintos periódicos los gobiernos de Suárez hay varios trabajos.

En cuanto a los últimos, encontramos tesis doctorales como las de Bazán Franco (‍2014), que aunque trate de las campañas electorales, incluye análisis de editoriales relacionados con el entonces partido en el Gobierno y su presidente. Interesante resulta la tesis de Cordero Pérez, publicada luego como libro[13], en la que analiza la gran atención prestada por los diarios de prestigio británicos, y en el que se observa la superación de estereotipos sobre España en este periodo.

Además de los anteriores, hemos de indicar que son numerosos los estudios que se centran en la relación de Adolfo Suárez con los medios. Siguiendo la cronología de su mandato tendríamos que comenzar citando el de Ricardo Zugasti[14] sobre la actitud de la prensa ante su designación, que resulta un buen ejemplo de análisis de la imagen de Suárez en la prensa. Zugasti, tras ver una muestra bastante amplia de periódicos de julio de 1976, indica que cuando se dio la noticia de su elección causó gran sorpresa, aunque se le dio un voto de confianza (más al rey que a Suárez). Sin embargo, las críticas arreciaron cuando se conoció la composición de su primer Gobierno.

La línea editorial de El País ha servido para dos artículos. Por un lado, Josep M. Sanmartí estudió la línea editorial de El País frente a los Gobiernos de Suárez[15]. Selecciona 191 editoriales y resume los principales puntos de vista del periódico analizando siete fechas clave. El País fue uno de los periódicos más críticos con el presidente, aunque en algunos momentos reconociese algunos logros. Sanmartí concluye (‍2015: 302) que «la desconfianza de El País en Adolfo Suárez surge desde el principio y se mantiene hasta su retirada de la política en 1982. Las críticas alternan con votos de confianza». También que para este periódico el motor del cambio era el rey. Por otro, Herrero Izquierdo[16] profundiza en la opinión (muy crítica) de El País sobre el papel que jugó Televisión Española en los diferentes encuentros electorales celebrados durante la última legislatura de Adolfo Suárez, y ayuda a entender la relevancia que el medio (entonces monopolístico), muy usado por Suárez, había cobrado en la política española.

Herrero y Reguero[17] investigan en los editoriales de ABC y de El País, además del papel de TVE, como fuente para entender cómo el debate político y mediático generado en torno al complejo proceso autonómico en Andalucía fue una pieza clave en la crisis del Gobierno que terminó con la dimisión de Suárez.

Las relevantes relaciones de Suárez con la televisión han sido analizadas por Martín Jiménez y Bellido Peris, ambos autores de sendas tesis doctorales sobre la televisión y la Transición[18]. Martín Jiménez ha publicado dos artículos concretos sobre la relación de Suárez con el medio. Analiza todas las intervenciones de Suárez en TVE durante estos años para llegar a la conclusión de que Suárez fue un «video-líder», subrayando el papel fundamental que la TV tuvo en la carrera política de quien había sido su director general unos años antes: «Suárez conocía el poder conformador de opinión pública que tenía la televisión y, a finales de la década de los setenta, iba a emplearlo al servicio de la democracia del país»[19].

Esta autora, en este caso junto con Pelaz López, nos ofrece una comparación en el tratamiento que de TVE hicieron los dos primeros presidentes de la democracia española. Martín Jiménez y Pelaz confirman la relevancia del uso que Suárez hizo de la televisión en su Gobierno del que llamaron el «primer presidente televisivo de España». Subrayan su telegenia y afirman que estas alocuciones «constituyeron para él su “principal arma” ante los ciudadanos»[20]. Suárez prefirió los mensajes directos a la pantalla y esquivó las entrevistas, al contrario que Calvo Sotelo que, según los autores (‍2019: 264), y consciente de su falta de telegenia, prefirió las entrevistas y las ruedas de prensa.

Otro investigador que ha centrado su tesis doctoral en la televisión y la Transición ha sido Bellido Peris. Ya hemos citado su tesis doctoral al hablar de memoria y medios de comunicación en la introducción. En esta tesis dedica un capítulo a la relación de Suárez con el medio. Bellido parte de la hipótesis de que los líderes políticos se hacen, «o más bien se construyen mediáticamente», y que, en el caso de Suarez, «esta construcción mediática corrió a cargo principalmente de la comunicación audiovisual y, más precisamente, de la televisión»[21]. Bellido, tras hacer un meticuloso recorrido por las apariciones televisivas de Suárez, con un medio que era utilizado con frecuencia por más del 90 % de los españoles mayores, llega a la conclusión de que Suárez, «consciente del poder mediático que le concedían las palabras y las imágenes simbólico-afectivas que su gobierno podía trasmitir sin discreción por las ondas televisivas, decidió convertir Televisión Española en el epicentro de su comunicación política»[22]. Gracias a un equipo conocedor de las nuevas técnicas de comunicación de una gran modernidad (los Ansón, su gabinete de prensa), Suárez consiguió usar la televisión no solo como espacio informativo o socializador, sino más bien legitimador[23]. Con sus intervenciones, indica Bellido (‍2019: 198-‍199), «fue progresivamente fraguando su gran estatura política al calor de la televisión, hasta el punto de convertirse en el emblemático líder del proceso de Transición a la democracia en España».

Esas apariciones se han seguido utilizando en televisión para rememorar la etapa de la Transición. Queremos destacar algunas ideas que tienen relación con el estudio que presentamos:

La fuerza comunicativa y el atractivo mediático-político que adquirió el presidente Adolfo Suárez durante su primer mandato fue de tal magnitud que todavía hoy se admira su capacidad telegénica. Ésta llegó a marcar la percepción de una época durante varias generaciones, algunas de ellas nacidas incluso tras el periodo transicional. Lógicamente, como hemos tratado de poner igualmente de relieve a lo largo de nuestro trabajo, ello tampoco habría sido posible sin un intenso ejercicio de construcción memorística realizado en clave retrospectiva años más tarde, a través, nuevamente, de la televisión pública y de sus políticas conmemorativas. [...]. El expresidente Adolfo Suárez empezó a partir de mediados de los años noventa a destacar al lado del monarca como una de las figuras destinada a ocupar un lugar privilegiado en el panteón mediático de la Transición[24].

Aunque casi todos los estudios se centran en los años de la Transición, hasta la dimisión de Suárez, el investigador Díez Miguel, de la Universidad de Valladolid, ha analizado en su tesis doctoral la etapa de Suárez en el Centro Democrático y Social (CDS)[25]. Además de esta, Díez tiene dos artículos surgidos de la tesis que sí nos interesan en este trabajo. Especialmente interesante es el dedicado a la construcción mediática y uso político del papel de Adolfo Suárez en la Transición[26]. En él hace un estudio de la imagen mediática de Suárez en estos años en los que, como afirma, «Adolfo Suárez era algo más que Presidente del CDS. Ante todo, era el ex Presidente de Gobierno de España durante la Transición».

En un segundo trabajo, Diez trabaja la proyección internacional de Suárez en los años ochenta[27]. No podemos olvidar que durante la época de CDS hizo distintos viajes a Hispanoamérica buscando publicidad para su partido (reforzado cuando se le elige a finales de los ochenta como vicepresidente —septiembre de 1988— y posteriormente presidente —septiembre de 1989— de la Internacional Liberal y Progresista), pero consolidando su imagen como ejemplo para las transiciones que estaban teniendo lugar en América del Sur. Su expulsión de Uruguay por defender al líder opositor encarcelado y pedir la democracia le hicieron muy popular en el continente y tuvo bastante repercusión en España. Suárez en estos viajes se arrogaba el máximo protagonismo en el proceso transicional español.

Aunque su título no lo denote, hay otro trabajo que estudió las relaciones de Suárez con la televisión. Se trata del capítulo que su mejor biógrafo, Juan Francisco Fuentes, escribió dentro del libro Carisma e imagen política: líderes y medios de comunicación en la transición (‍2016). Sobre Suárez Fuentes de nuevo subrayó su telegenia, su carisma y su capacidad de seducción, además del magnífico uso que hizo de la televisión. Pero también recordó momentos (como el que citamos más adelante sobre el 23F) en los que Suárez demostró un gran carisma como político lejos o fuera de la pantalla.

Por último, tendríamos que citar dos trabajos sobre su muerte que utilizaremos en el apartado correspondiente: el capítulo de De la Gala Morales (‍2017) y el trabajo de Dubosquet Lairys (‍2015), que nos ayudará a cerrar el artículo.

II. Desarrollo: la imagen de Suárez en la prensa española y portuguesa (1981-‍2014)[Subir]

Para el estudio de la narrativa de Suárez en la prensa española y portuguesa hemos elegido los periódicos más relevantes de cada país por tirada y por prestigio. Además, presentan líneas editoriales diversas, lo que enriquece el análisis.

Los periódicos españoles que se trabajan son los madrileños ABC[28], El País[29], Diario 16[30] y el barcelonés La Vanguardia (LV)[31]. En estos cuatro se han trabajado todas las fechas. Para las últimas fechas estudiadas se ha añadido por su relevancia el diario El Mundo[32]. En el caso de la prensa española, la Transición (y la democracia) fue una etapa de expansión y crecimiento gracias al crecimiento de lectores y la multiplicación de cabeceras (aunque muchas de la antigua cadena del movimiento cierran al no ser rentables y no conseguir compradores) gracias a las nuevas libertades (Real Decreto-Ley sobre Libertad de Expresión de 1 de abril de 1977).

De la prensa portuguesa[33] se han incluido el decano Diario de Noticias[34], el Correio da Mãnha[35], el Jornal de Noticias de Oporto[36] y Público[37] para la última etapa (nació en 1990). Para la prensa portuguesa los años de la revolución fueron muy conflictivos al nacionalizar el Estado la banca, que era propietaria de muchos de estos medios. Esto significó que muchas cabeceras pasaron a manos del Estado, que hasta los años noventa no los privatizó de nuevo. La existencia del Comité de la Revolución hasta 1982 también significó una vigilancia sobre la prensa.

Como ya indicamos en la introducción, no pretendemos hacer una descripción de la imagen de Adolfo Suárez ni de la Transición en la prensa. Solo queremos entender cómo se fue forjando el mito de Adolfo Suárez desde su definitivo abandono de la presidencia del Gobierno, primero, y de la política después, hasta su fallecimiento en 2014. Dada la gran cantidad de información y la necesidad de ajustarnos a un artículo académico, hemos elegido algunas fechas que nos parecen decisivas. Pasemos a su estudio.

1. Dimisión de Suárez, 29 de enero de 1981[Subir]

Para entender la construcción de Suárez como mito fundacional de la democracia española hemos decidido comenzar por el momento en que toca fondo. Tras dos años de éxitos que culminan en la aprobación de la Constitución en referéndum en 1978, su etapa como presidente constitucional dejó mucho que desear. Las criticas arreciaron, tanto desde su propio partido (por las luchas de poder entre los distintos barones, algunos muy críticos), como en otros ámbitos sociales, financieros, eclesiásticos (ley del aborto), militares (atentados de ETA), etc., alcanzando hasta al propio monarca, que se distancia del presidente.

Recordemos que en la tarde del 29 de enero, Suárez comunicó su dimisión por televisión, su medio favorito como hemos visto. Posiblemente pensaba lanzar la bomba en el congreso del partido que iba a celebrarse en Palma, pero una huelga de controladores aéreos obligó a cancelarlo sine die, aunque las causas seguramente también fueran la propia crisis interna de UCD y las luchas entre diferentes sectores del partido.

Los periódicos le prestaron gran atención en la edición del 30 de enero y se siguieron publicando análisis del asunto los días siguientes, aunque el foco de atención pasó entonces a las propuestas de formación de Gobierno que hizo González y a la elección de Calvo-Sotelo como candidato por el rey. Como es bien sabido, tras una primera votación el 19 de febrero sin lograr la mayoría, el 23 de febrero se celebraba la segunda vuelta cuando el pleno fue interrumpido por los golpistas.

Si comenzamos analizando las portadas de las ediciones del 30 de enero, ya tenemos un adelanto de las líneas editoriales de los periódicos. Todos usan imágenes de Suárez y titulares de gran tamaño. Si ABC afirma que «Suárez dimitió acosado por su propio partido», Diario16 y La Vanguardia fueron más escuetos: el primero afirmó que «Suárez tiró la toalla», mientras que el segundo eligió la frase «Suárez abandona». La de El País ya muestra una crítica hacia el presidente: «Adolfo Suárez no explica las razones políticas de su dimisión». De todas ellas, la más espectacular es la de Diario16 porque la hicieron como un póster que al abrirse tenía tamaño sábana. Incluye el título «Suárez tiró la toalla», y dos fotos del presidente (una de Suárez andando y otra de su imagen en TV), comenta que dimitió y que lo anunció a través de las cámaras. Los tres periódicos portugueses analizados también tienen la dimisión de Suárez en portada en zona central y destacada, aunque no sean la noticia única, como los españoles.

Imagen 1.

Portadas de ABC, El País, Diario16, La Vanguardia, Correio da manhã y Diário de Notícias

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Es llamativo que ABC elija una foto del presidente sonriendo (la misma por cierto que utiliza el lisboeta Diário de Notícias), pero los demás optan por imágenes donde el político tiene una actitud de preocupación.

En cuanto a los contenidos de estos números, todos dedican varias páginas a explicar lo sucedido (en la sección de información) y el editorial. En las siguientes jornadas se siguieron sucediendo los artículos de opinión sobre el asunto.

En general encontramos varias ideas:

  • La dimisión de Suárez, de un presidente, era algo normal en las democracias y por tanto no era algo negativo, sino que consolidaba el sistema democrático (Diario16, ABC).

  • Todos le reconocían que había hecho cosas muy positivas y que pasaría a la historia de España por ello (ABC, Diario16, LV, incluso El País, aunque menos).

  • Todos culpaban a la crisis de UCD como motivo de la dimisión (la portada de ABC tenía como titular «Suárez dimitió acosado por su propio partido»), aunque algunos ya apuntaban a la falta de favor del rey (Emilio Romero en ABC).

  • Pero también surgen dudas por las verdaderas razones y críticas a que no las explique (El País abrió la portada del día 30 con el antetítulo «Adolfo Suárez no explica las razones políticas de su dimisión»), y sobre el posible ruido de sables o presiones militares.

  • A ellas se suman las críticas por la mala gestión de la última etapa de presidente. Surge ya la idea de que su presidencia se dividía en dos etapas: una brillante hasta la Constitución, y una segunda negativa. Se repite el término desencanto, como veremos en los ejemplos.

  • El rey (buen rey Juan Carlos, en el editorial Diario 16) como garante de la continuidad democrática en todos.

  • Ningún periódico ni periodista pide la continuación de Suárez. Casi todos creen que su dimisión era necesaria o imprescindible… Incluso los que le defienden. Diario16 insinúa que el mejor sustituto sería Felipe Gonzalez (editorial del 30 de enero).

  • Algunos se preguntan si ese gesto es semejante al que realizó Felipe González en el XXVIII congreso del PSOE, cuando se retiró para imponer sus tesis (Pilar Urbano en ABC). En parte son textos que muestran desconfianza por el presidente y sus intenciones.

  • ABC ya apunta a que su dimisión es el fin de la Transición (columna de Cándido).

  • La situación fue seguida con gran atención y de forma diaria por la prensa portuguesa. Todos los periódicos destacaron las manifestaciones del presidente de la República Eanes lamentado el suceso.

En general, entre la gran cantidad de comentarios, podemos ver claramente una actitud positiva y otra negativa. Comenzando por los comentarios negativos, hemos de indicar que, en general, los diarios que se mostraron más críticos fueron El País, en primer lugar, y Diario16 en segundo. Pero también, entre las loas, el resto de diarios incluyó críticas.

Su dimisión para El País en su editorial fue «el hecho político más grave de los sucedidos después de la muerte de Franco». Lo era porque, según ese editorial, no había sido explicado suficientemente y ello «aumenta las sospechas sobre las presiones involucionistas y porque rompe el proceso de normalización política español»[38]. En un artículo firmado por Santos Riveiro, el porteño Jornal de Notícias también señalaba que sorprendía la falta de justificación. El título de este artículo ya nos habla de otro elemento que también trató la prensa española: «Suarez: Adeus até ao meu regresso?».

Efectivamente, algunos creyeron que la marcha era una maniobra para recuperarse y poder regresar, como señaló Pilar Cernuda en ABC, o Diário de Notícias (1981: 1, 5). También el columnista de La Vanguardia, Ignacio Grases, fue muy crítico con la dimisión y sus razones. En «Polémica decisión» (1-‍2-1981: 11) le reprendía porque no hubiese explicado bien las razones y porque lo hubiese anunciado en la televisión, y no en el Parlamento, que era donde le correspondía. Indicaba que habría que preguntarse por el motivo de la dimisión «porque un profesional de la política jamás renuncia al poder si no es forzado a ello», e insinuaba que podía ser una maniobra para su vuelta.

La dimisión motivó duros calificativos contra el presidente. El editorial de El País (30-‍1-1981: 1, 6) definió su dimisión como una «espantada» y un insulto: «Pero, en cualquier caso, es sencillamente un insulto al pueblo español irse como Suárez se ha ido, dando una espantada digna de la famosa e histórica de El Gallo. Es una vergüenza que el primer partido del Parlamento no sea capaz de explicar la dimisión de su propio presidente. Y es una lástima que se rompa así el periodo de necesaria normalización política [...]».

Diario16, por su parte, afirmó (30-‍1-1981: 1): «Era la apática continuidad del presidente lo que nos preocupaba; precisamente por eso, de su dimisión lo que extraemos son estímulos de firmeza y esperanza».

Y aquí encontramos otra idea repetida: la división en dos grandes etapas de su labor política. Una primera positiva y una segunda negativa. Claramente lo explica en El País Jorge de Esteban en su artículo «La caja de Pandora» (1-‍2-1981), en el que estudiaba cómo se había producido la dimisión (afirmando que no había dimitido motu proprio, sino que le «han dimitido» a la fuerza): «Suárez ha sido, sin duda alguna, como todo el mundo reconoce, un valeroso y lúcido hombre de Gobierno que ha llevado a cabo nuestra peculiar transición de la dictadura a la democracia. Pero después de la entrada en vigor de la Constitución se ha visto incapaz de enfrentarse con la gigantesca labor de construir un Estado moderno en España y de acabar con los enormes problemas que asuelan hoy a nuestro país».

Por último, entre los comentarios que se hicieron también hubo descripciones de su carácter como político. Así, por ejemplo, El País (31-‍1-1981) habló de la ambición política (descartando la hipótesis psicológica para su dimisión) de un político orientado «hacia el poder desde su primera juventud, acostumbrado a tragar carros y carretas en su lento, pero irresistible, ascenso hacia la cúpula del Estado y dotado de esa frialdad de carácter y esa capacidad de encaje indispensables para el duro oficio de profesional de la política».

Por último, es interesante ver que son dos textos los que le califican de ídolo caído. Diário de Notícias (31-‍1-1981: 1, 5), hablando de su desgaste político, aseveró: «Adolfo Suarez, obreiro da transição, serviu perfectamente como iconoclasta, más não como icones». Por su parte, Justino Sinova, en «Suárez el ídolo caído» hizo un interesante análisis de la dimisión en las páginas especiales de Diario16, en las que se mostró positivo y negativo. En su semblanza, entre muchas cosas, recuerda: «Cuando Adolfo Suárez desmontó el edificio franquista —operación, ojo, por la que pasará a la historia con todos los honores— dio la impresión de quedarse sin programa, sin ideario sin objetivo», indicando que se vio el flanco débil del político[39].

El periódico más positivo con Suárez en la hora de su dimisión fue La Vanguardia y después ABC. En el primero solo algún artículo de opinión fue crítico, pero los editoriales del periódico fueron totalmente elogiosos. Ya hemos visto que el editorial de ABC de ese 30 de enero se tituló «Por el bien de España», en el que certificaba que el paso dado por el presidente había sido el correcto.

El editorial de La Vanguardia, con el significativo título «Sorpresa, pero no tanto», comenzaba alegando que su salida del Gobierno se venía presagiando hacía meses (desde la difícil superación de la moción de censura que le hizo el PSOE), pues había perdido el control sobre su partido y se había visto comprometido su liderazgo. En general, la opinión de La Vanguardia sobre la dimisión era positiva: «La hoja de servicios de estos cuatro años y medio que puede presentar el señor Suárez, con todos sus errores, es ampliamente positiva»[40]. También veía como positiva su dimisión. Lo era porque hacía poner en funcionamiento los mecanismos de las instituciones democráticas, como también afirmaba Diario16. Y creía que las explicaciones habían sido suficientes.

Algunos valoraron su dimisión como un servicio positivo. Jaime Capmany en «El inicio del martirologio» reconocía la elegancia con que había dimitido y agregaba: «Suarez ha presentado su dimisión como quien realiza un servicio a su país y quizá también a su partido»[41].

En el análisis de Justino Sinova antes citado de Diario16 también encontramos frases muy positivas. Queremos destacar su afirmación de que «solo un hombre con amplia experiencia en los entresijos franquistas, pero suficientemente joven como para no sentir el peso de la Historia cada paso, podía dirigir la operación trazada por el rey, y por lo demás inevitable, de alinear este país en la fila de las democracias occidentales». También lo positivo de su actitud en esa labor encomendada por la Corona: «Adolfo Suárez demostró arrojo valentía, inteligencia, sentido de la oportunidad, eso es innegable»[42].

2. Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981[Subir]

Incluir este momento está un poco influido por el libro de Javier Cercas, Anatomía de un instante. Nos hemos preguntado si, como le ocurre al autor del libro, fueron muchos los españoles que comenzaron a cambiar su opinión del político al ver las imágenes de su intervención y su actitud ante los militares rebeldes y si la prensa refleja ese sentimiento.

En general, en la crónica del golpe de Estado (muchos periódicos sacaron ediciones especiales) se atendió a narrar los hechos más inmediatos. Será en los días siguientes cuando, ya vistas las imágenes del asalto al Congreso en televisión por los españoles, su protagonismo (siempre muy por detrás del rey e, incluso, de Gutiérrez Mellado) se reconozca.

En el caso de la prensa fue muy importante ver las imágenes, hoy famosas, realizadas por los fotógrafos de EFE, Manuel Pérez Barriopedro y Manuel Fernández de León (que lograron sacar del Congreso). Una de ellas es la de Suarez tirando de Gutiérrez Mellado para evitar que los militares le hicieran algo. Es significativo que ABC elija esa foto para la portada del día 24. Esa imagen contrasta con la de Tejero gritando en la parte superior de la portada. En medio un gran titular: «Asalto armado al Congreso». Las imágenes son tan icónicas que en interior del periódico se volverán a repetir a página completa explicando ambos momentos.

En ese número, ABC inserta un pequeño suelto de la página 4 del número del día 24 titulada «Adolfo Suárez, una digna actitud», de apenas un párrafo, pero muy significativo.

Actitud digna la del presidente Suárez. En el momento en que, imperiosamente, recibió, como todos los demás diputados, la orden de sentarse en su escaño, Adolfo Suárez permaneció de pie y dijo «Soy el presidente» y pidió explicaciones. Después, cuando fue sacado del hemiciclo, el jefe del Ejecutivo en funciones se levantó con tranquilidad y salió sin dar muestras del menor nerviosismo. Su gesto, tangible para toda la Cámara, es encomiable. Suárez se comportó como presidente de un Gobierno que, precisamente, esa misma tarde cesaba oficialmente de sus funciones[43].

Es interesante que otros periódicos, los que vivieron desde dentro el acontecimiento, fueran los que empezaron a destacar la dignidad del ya expresidente. Es lo que ocurre con Diario16, que incluye crónicas de los periodistas que estaban en el Congreso (testimonios de José Luis Gutiérrez, Luis Carandel, Manuel Escalera y Susana Olmo). Lo mismo ocurre en La Vanguardia (crónica de los redactores de la cadena SER Rafael Luis Díaz y Fernando González). Solo ABC aplaudió desde el día 24 la actitud de Suárez.

Por eso es más llamativo el editorial de El País reconociendo el gesto de Suárez y muy significativo del cambio de imagen del político, del cambio de narración sobre su figura. El día 26, en «Defender la democracia» se le destina un segundo párrafo para hacerle ese reconocimiento (el primero estuvo reservado a alabar el coraje de Gutiérrez Mellado). Aunque se recuerda de nuevo «su falta de coraje político al dimitir como presidente», reconocen que tuvo «un indudable rasgo de valentía e identificación con su figura pública» al permanecer sentado en su escaño mientras los golpistas disparaban. Durante el secuestro estuvo «a la altura de sus funciones como presidente»[44].

Los siguientes días van surgiendo voces que reivindican o aplauden el gesto del ya expresidente. La más llamativa es la de Carmen Rico-Godoy: «¡Bravo por Suárez!» en Diario 16 (26-‍2-1981: 3): «Quedará grabada en mis retinas para siempre la imagen increíble que nos sirvió la cámara de televisión del marqués de Cebreros asistiendo solitario desde su escaño a la ensalada de tiros desencadenada por los asaltantes al Congreso de los Diputados en la aciaga tarde del 23 de febrero […]».

3. Abandono definitivo de la política[Subir]

El abandono de la presidencia del CDS se produjo el 26 de mayo de 1991 como consecuencia de los catastróficos resultados del partido en las elecciones municipales de ese domingo. El mismo día de las elecciones, nada más saber los resultados, Suárez dimitió como presidente del partido, asumiendo toda la responsabilidad. Mantuvo que lo hacía porque en un partido presidencialista como el suyo correspondía al presidente el varapalo recibido.

Aunque su dimisión abrió las informaciones sobre las elecciones en casi todos los periódicos, no se comenta mucho más. Después, los problemas dentro del CDS por buscar sustituto y la fuga de figuras en el partido copan las informaciones. Apenas algunos comentarios entre muchos artículos informativos. La Vanguardia le dedicó una página completa y El País un par de artículos, pero más centrados en la debacle del CDS. En la prensa portuguesa se dio la información sobre los resultados electorales y solo Público dedicó un par de frases a su dimisión.

Destacamos, sin embargo, dos textos insertados en ABC y Diario 16. ABC en la edición del lunes 27 publicó, además de una completa información sobre el asunto, un editorial. En «Respeto a Suárez» aseguraba que no iban a hacer ellos leña del árbol caído y recordaban que Suárez era el «hombre clave en la transición española y en la construcción de la democracia». Y añadía: «Gracias a su habilidad, a su sentido común y a su instinto político se edificó sin traumas el régimen de libertades en España. la imagen del presidente, desafiando a los golpistas, sentado imperturbable en su escaño, mientras todos los diputados se escondían arrodillados, no la olvidará nunca el pueblo español»[45].

Diario16 le dedica una página completa. Si «El adiós de un líder» resume todos los comentarios de los líderes políticos, casi todos elogios (aunque Sartorius y Guerra fueran más críticos), Julián Lacalle firma «¡A buenas horas!». Lacalle, si bien reconoce que Suarez trajo la democracia, «una ingente tarea que quizás no haya sido reconocida plenamente por la sociedad española»[46], entonces había que juzgarlo por su etapa desde 1982 con el CDS y en ese sentido fue muy crítico. Viene a decir que hay políticos que han cumplido un ciclo y que no abandonan por «su propio ego», y ponía como ejemplo a Guerra y a Suárez.

4. Premio Príncipe de Asturias de la concordia, 1996[Subir]

Los años noventa fueron los del reconocimiento. O de la canonización, como lo denomina Gregorio Morán, para quien también influyó la victoria del PP, pero, sobre todo, su tragedia familiar[47].

El listado de premios que recibió Adolfo Suárez es muy considerable. De entre ellos hemos elegido, de los muchos que recibió en los años noventa, el Príncipe de Asturias de la Concordia por ser uno de los más relevantes. El 13 de septiembre de 1996 se anunció el premio. Se afirmaba que se concedía por la «trascendencia de su aportación personal a la concordia democrática entre los españoles, que se proyecta como ejemplo en el ámbito internacional». La candidatura había sido promovida por un amplio número de personalidades de todos los ámbitos y contó con el respaldo, entre otros, del presidente del Gobierno, José María Aznar; de su antecesor en el cargo, Felipe González, y del exsecretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo. Como todos los premios de esta etapa, era un premio a su carrera después de haberse retirado de la política en 1991.

Encontramos información y comentarios sobre el premio en dos momentos: cuando se anuncia la concesión en septiembre y cuando se entrega en el Teatro Campoamor, el 8 de noviembre. Fueron más las reseñas al anunciarse el premio, por lo que vamos a incluir solo esa fecha. Los que más opiniones insertan fueron ABC y La Vanguardia. El País solo da la información sobre la concesión, aunque incluye un interesantísimo artículo de Javier Tussell. Diario16 solo informa. En la prensa portuguesa no hemos localizado en ningún periódico ningún comentario ni a la concesión en septiembre ni a los premios en noviembre.

El diario que se volcó con Suárez con motivo del premio fue ABC. Le dedicó su portada, en la que se le ve mientras era entrevistado en su despacho por la periodista Isabel Sebastián, entrevista que se publicó en otro lugar del ejemplar. Un Suárez muy moreno gesticulaba al hablar y apretaba los puños, en un gesto muy expresivo. También incluyó un cuadernillo monográfico (páginas 29-‍40), que se abría con las palabras del propio Suárez al recibir el premio. Lo continuaba la entrevista de Isabel Sebastián. Además de una biografía titulada «El hombre de la Transición» y de muchas imágenes de su vida política, escribieron «Testimonios» bastantes figuras destacadas de su etapa política, casi todos de la UCD, pero también un socialista, además del presidente Aznar. Abría Calvo Sotelo con «Talante de consenso» y lo continuaba Aznar con «Por la concordia», quien reconoció su buen hacer en la Transición y subrayó la lección de conducta que Suárez ofreció en un tono que tenía mucho de nostalgia de lo que llamó «el limpio estilo de la Transición»[48].

Nos parece interesante esa nostalgia de la Transición que veremos en otros autores y, sobre todo, en 2014. El resto de políticos que colaboran en este especial de reconocimiento a Suárez venían casi todos de la UCD. Todos ellos, como los anteriores, exaltarán la concordia como uno de los rasgos de la acción política de Suárez en la Transición.

Rodolfo Martín Villa en «El ejercicio de la libertad» identifica a Suárez como el hacedor de todo el cambio político, junto con el rey y ambos como símbolos de la concordia. Por su parte, el que fuese ministro y alcalde de Madrid, José Luis Álvarez, en «Palabra frente a violencia» se muestra muy satisfecho por el premio, pues reconoce que había sido uno de sus proponentes y miembro del jurado. Álvarez indicaba que la historia de España había estado llena de grandes hazañas y de grandes genios, pero que habían abundado menos los pacificadores, y que con Suárez, por primera vez en siglos, no hubo exiliados políticos. El resto, Alfonso Ossorio, Gabriel Cisneros (que le calificó como «un proyectista de la reconciliación») y Jaime García Añoveros, incidieron en hablar de su capacidad de diálogo y de la concordia que consiguió gracias al consenso. Más interés tienen las palabras de quien fuese oponente político, y otro de los padres de la Constitución, el socialista Gregorio Peces Barba. En «Garantía viva de concordia nacional» afirmaba que la transición había sido una obra colectiva «donde muchos tuvieron un papel, pero alguno fue insustituible. Adolfo Suárez lo fue, sin duda, de manera eminente». Peces Barba reconocía que ambos habían llegado a ser amigos, y que ese era «el sueño que muchos tuvimos en la transición», que adversarios políticos pudiesen ser amigos y mantener la comunicación[49].

El otro diario que más atención dedicó a la concesión del premio y convirtió la noticia en un homenaje fue La Vanguardia. Su editorial del día 15, «Suárez reconocido», certificaba el merecimiento del premio por «su contribución a la convivencia y a la democratización de España»[50].

Por su parte, del diario El País lo más significativo de esa jornada fue el artículo de opinión que publicó el historiador (y antiguo colaborador de UCD) Javier Tusell. El título, «Un truhan en el pedestal», tenía que ver con el insulto que le hiciera Guerra al calificar a Suárez como «truhan del Misisipí». Tusell, que comenzó criticando el ambiente político bronco que se respiraba en esa etapa, aprovechó para hacer una reivindicación del legado suarista y de su figura y llegó a afirmar: «Azaña escribió mucho mejor, Maura fue un orador de infinita mayor valía y Cambó tuvo una inteligencia analítica muy superior, pero Suárez hizo más por la concordia nacional que todos ellos»[51].

5. Fallecimiento, 31 de marzo de 2014[Subir]

El anuncio unos días antes de su inminente fallecimiento por su hijo (lo hizo el viernes y murió el domingo) puede explicar el que todos los periódicos estuviesen preparados para publicar números extraordinarios. También lo estaba el rey, que tenía un mensaje grabado y que se emitió en televisión apenas 45 minutos después del óbito. Igualmente, todas las autoridades relevantes emitieron comunicados de forma inmediata repitiendo los elogios, desde Felipe González a los líderes autonómicos y nacionalistas (llamativo el de Artur Mas queriendo identificarse con él por su desmonte del sistema anterior y justificando así su política). La prensa recogió estos mensajes y los unió a la información sobre sus últimos momentos (con imágenes de líderes notorios visitando a la familia en el tanatorio) y a los reportajes sobre su vida y obra política y a los numerosísimos artículos de opinión que escribieron políticos de todos los colores. De hecho, parece que nadie quiso quedarse atrás en ese homenaje. Rajoy y Aznar enviaron sus artículos a todos los periódicos.

En general, podemos afirmar que todos los grandes diarios españoles publicaron números especiales (sobresalen los de ABC y El País). También destacan las portadas, todas consagradas a su figura, y en las que aparecen frases de homenaje que repiten la idea de que Suárez fue el artífice de la Transición. Es llamativo que ABC, La Vanguardia y el portugués Público eligieran la misma foto (seguramente la que ofrecieron las agencias al dar la noticia, lo que en ABC y La Vanguardia sorprende más pues debían tener un magnífico archivo visual). También la prensa portuguesa le dedica la portada en el caso de la prensa más seria (Publico y Diario de Noticias), mientras que los otros le consagran la página de información internacional.

Imagen 2.

Portadas de El País, ABC, El Mundo, La Vanguardia, Diário de Notícias y Público

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Fuente: hemerotecas digitales de todos los periódicos españoles. Hemeroteca Municipal de Lisboa, para los portugueses.

Es imposible resumir en pocas páginas todos los calificativos que recibe el político de Cebreros en esa jornada (siguieron los artículos en las posteriores, pero no vamos a incluirlo en este trabajo). Desde luego, se repiten muchas ideas. Joaquín Prieto las resumía muy bien en su artículo de El País «El líder que cambió la historia de España»: «“Artífice de la Transición”, su “arquitecto”, su “motor”, el “piloto” —o el “maquinista”— del cambio, el “rostro” de la reconciliación, el “muñidor de los pactos”... El “símbolo”, en fin, de un experimento —la Transición española, la mutación de una dictadura en democracia— que, con sus luces y sus sombras, fue insólita en la historia contemporánea»[52].

En resumen, las ideas expuestas fueron:

  • Suárez fue el responsable primero (con el rey en casi todos los artículos en un momento en que Juan Carlos ya estaba viendo declinar su estrella) de la Transición y de traer la democracia a España.

  • Su principal virtud fue la del consenso: la de entenderse con el adversario político y tratarlo con respeto.

  • Todos le pusieron como ejemplo, como modelo de hombre de Estado y de político. Todos añoraron su actitud de concordia y diálogo. Sobre todo, porque son muchos (editorial de El País) que lo comparan con la crispación y enfrentamiento de la España de 2014.

  • De sus rasgos más destacados: el diálogo, el encanto, la prudencia, el coraje, la dignidad (en especial en el recuerdo del 23F).

  • Se coincide en la reivindicación de la Transición como un gran logro español en un momento que estaba siendo atacada por muchos y olvidada o desconocida por las nuevas generaciones. Una transición que no fue tan sencilla y tan fácil, pero que salió adelante.

  • Son muchos los colaboradores, políticos o editoriales que aprovechan para recordar los valores de la Transición —diálogo, consenso, respeto por el adversario— y compararlos con la crispación presente para reivindicarlos (editorial de ABC y de La Vanguardia). Algunos inciden en la falta de altura de los políticos actuales, lo que se convierte en clara acusación (El País inserta un artículo en el que cuenta que el público en el entierro gritó a los políticos «¡A ver si aprendéis de Suárez!»).[53]

  • No son pocos los que recuerdan que Suárez fue muy mal recibido en su elección y luego muy maltratado por toda la oposición y por su propio partido. Algunos reconocen que fueron injustos con él (Guerra).

  • De la labor de Suárez se reivindica sobre todo la Transición y, en especial, su primer bienio de 1976 a 1978, en el que se consiguieron los logros fundamentales. Pocos hablan de su etapa en el CDS, pero los que lo hacen la señalan como algo digno, pero ya sin sentido. Su tiempo había pasado (el editorial de La Vanguardia lo califica de canto de cisne).

  • Algunos comentaristas y editoriales recuerdan algunas sombras, pero pequeñas siempre frente a los logros.

  • Todos quieren estar. Muchos publican artículos (en especial, los antiguos políticos de la UCD), pero los pocos que no lo hacen, emiten comunicados de pésame loándolo (caso de Felipe González, por ejemplo). Los políticos nacionalistas también lo alabaron, como Jordi Pujol en un artículo en La Vanguardia. También son numerosos los de periodistas destacados, desde Cebrián a Pilar Cernuda o Pedro J. Ramírez.

  • Además de los artículos, los titulares de las portadas y, sobre todo, las imágenes elegidas son muy relevantes. Entre las numerosas fotografías de su biografía hay dos que se colocan, por todos los periódicos, en lugar destacado: su foto intentado rescatar a Gutiérrez Mellado de los golpistas, y aquella tomada por su hijo en la visita del rey ya enfermo de alzhéimer.

Entre los diarios españoles, ABC fue, sin duda, el periódico que mayor homenaje rindió de todos los estudiados. Nada menos que las primeras sesenta páginas del periódico (algunas son de publicidad): «ABC reconoce hoy la persona y la obra de Adolfo Suárez con el despliegue informativo que está reservado a los “grandes” de la historia»[54], afirmaba su editorial. En este periódico hay un protagonismo también claro del rey, pues las primeras páginas se destinaron a recordar la relación de ambos, completado con bastantes imágenes.

El editorial se destinó a subrayar que Suárez dejaba «un legado histórico», y ese lugar privilegiado en la historia de España por su papel en la Transición, de la que «el rey fue piloto e impulsor del cambio desde su posición institucional y suprapartidista», pero Suárez dirigió el proceso «con mano maestra», a pesar de la extraordinaria dificultad que encontró «para conducir el régimen autoritario hasta la democracia plena». Para ABC la lección ofrecida por la Transición democrática, fue «la generosidad de los grandes líderes políticos para situar el interés general de España por encima de las disputas partidistas. Por eso, una abrumadora mayoría social reconoce en Adolfo Suárez las cualidades que distinguen al verdadero estadista del mero oportunista». Como puede verse, reconocimiento a Suárez (junto al rey) y nostalgia de una etapa por la que los españoles sentían «un orgullo legítimo»[55].

Entre el mar de halagos y recuerdos, Juan Manuel de Prada fue el único que esbozó críticas en ABC. Prada reprochó el que su hijo hubiese anunciado su inminente muerte, lo que había permitido a los panegiristas lanzar empalagosos elogios. Pero también denunció la mitificación del personaje: «Pero en las ceremonias necrófagas que se le han dispensado a Suárez en estos días había un empeño desaforado, chirriante, muy gruesamente acrítico, de mitificación, a través del cual se pretendía exaltar la época que él había protagonizado, la llamada (la mayúscula que no falte) Transición, tan desacreditada hoy […]»[56].

Por orden de número de páginas dedicadas al homenaje, el segundo periódico que destaca fue El País. Además de su portada, destinó desde la página 10 a la 18 a la efeméride, pero también un suplemento de 32 páginas. El número estuvo repleto de firmas de gran relevancia, desde Arzallus a Garrigues, de Alfredo Pérez Rubalcaba a Santos Juliá.

El editorial es un buen resumen de todas las ideas que se repiten por los autores y nos vamos a centrar en él. Con el título «Un político de consensos», recorría todos los ángulos del expresidente y todas las ideas que se remachan en el resto de artículos. En primer lugar, el periódico aprovecha para comparar las formas de Suárez y la Transición y las malas formas de la España de esa etapa, a la que critica duramente. Afirmaba que su muerte suponía no solo la «emoción por el recuerdo del pasado», sino sobre todo «la oportunidad colectiva de reflexionar sobre el valor del acuerdo y de la concordia en un país que, en pleno siglo xxi, los necesita tanto como entonces». El consenso y la búsqueda de salidas pacíficas se echaba de menos entonces en España, afirmaba el periódico. Esa añoranza de la Transición, «del estilo político de la Transición», no era del periódico, decía; era de toda la ciudadanía, como demostraban todos los sondeos de opinión: «Frente a los que critican la concordia como sinónimo de pasteleo o claudicación, lo cierto es que del método consensual impulsado por Suárez surgió lo mejor de España en los últimos decenios […]». El periódico también reconoció parte del mérito de aquella etapa histórica a don Juan Carlos, y no evitó remembrar la parte negativa de su mandato y sus problemas con su partido, UCD, y su posterior etapa en el CDS: «Había sido mucho mejor conductor de la Transición que hombre de partido: ya no pudo superar la competencia política ordinaria con otros protagonistas […]». El País, que tan duro fue con él, termina reconociendo, a medida que la crispación se había instalado en la vida política desde le llegada de Aznar, que «el aprecio a su figura ha crecido como muestra de reconocimiento hacia un tiempo y un estilo políticos menos broncos»[57].

Por su parte, el diario El Mundo le consagró sus primeras 21 páginas. Su editorial insistió en ese estilo de hacer política que acabamos de ver que también añoraba El País. En «Con Adolfo Suárez se va la manera más noble de hacer política», el periódico aplaudió los aciertos, sobre todo «elevar el consenso a categoría política hasta establecer los acuerdos necesarios para que España se convirtiera en una democracia de hecho a partir de junio de 1977, en que se celebraron las primeras elecciones libres». Pero también recordó sus desaciertos, como la política territorial que había llevado al problema independentista. Pero, a pesar de esos errores, reivindicó aquella forma de hacer política para el presente español[58].

En este periódico, además del editorial, queremos destacar la columna de Pedro G. Cuartango «¿Existió Suárez?». Cuartango, ante el «proceso de beatificación a Suárez», recordó que había sido «el político más denostado de la historia de España»[59].

Por último, llama la atención que La Vanguardia, que siempre fue de los que más aplaudió a Suárez en sus celebraciones, solo le destine la portada («Adiós a Suárez, el artífice de la transición») y la sección política (desde las páginas 8 a la 16). Es suficientemente llamativo que ninguno de los colaboradores del periódico en las páginas de opinión le dediquen su columna a Suárez. Del periódico barcelonés queremos destacar el editorial y la crónica de Enric Juliana, «La España en crisis eleva a Adolfo Suárez a la categoría de mito». El editorial, «El diálogo como legado», volvió a repetir muchos de los términos que hemos visto en el resto de diarios, como el papel del rey y las dificultades para cometer el mandato recibido que cumplió: «Pilotó una transición que cambió España y se convirtió en modelo para otros países». Pero también esgrimió críticas como la falta de explicación de las causas de su dimisión. El periódico, asimismo reivindicó su legado y lo comparó con la crispación entonces presente: «Su talante, hecho de diálogo, de coraje, de ductilidad, nos brinda un legado ejemplar, que en su día produjo frutos espléndidos y que hoy, en un momento histórico que requiere también de importantes ajustes, se echa mucho en falta»[60]. Por su parte, Enric Juliana manifestó la influencia que en el homenaje a Suárez tenían la crispación y el deterioro del momento político presente: «Adolfo Suárez es el nuevo mito de una España que parecía haber dejado de creer en la política»[61].

Para finalizar, queremos destacar que la prensa portuguesa también repitió algunos de estas ideas. De los cuatro periódicos analizados, y exceptuando Correio da Manha, que solo reprodujo la información de agencia, sin ningún comentario (es el único que no le destina espacio en la portada, aunque sí una página interior), todos le reservan un espacio en su portada. Diário de Notícias le consagra tres páginas e, incluso, un editorial, «O papel de Suárez», en el que destaca su papel en la Transición a la democracia. Es de gran interés Público, que le reserva dos páginas en las que se inserta un artículo de homenaje de Mario Soares titulado: «Suárez e o anti-Marcello Caetano». Soares le recordó como un amigo, explicando cómo llegaron a serlo, y destacó su inteligencia, su lealtad al rey y su coraje para legalizar el PCE.

III. Conclusiones[Subir]

Cuando ya teníamos muy adelantado este trabajo, nos topamos con la crónica de Enric Juliana en la muerte de Suárez afirmando que fue «un hombre que murió cuatro veces». Lo que nos llamó la atención fue la coincidencia de Juliana con el punto de partida, o casi, de este artículo.

Un intenso recordatorio finalmente jalonado por el fallecimiento de un hombre que murió cuatro veces: el 29 de enero de 1981, cuando se vio obligado a dimitir como presidente, en medio de fuertes rumores de golpe de Estado (rumores materializados el 23 de febrero de aquel año); en 1991, durante su definitivo alejamiento de la política, tras los flojos resultados de su partido de bolsillo, el Centro Democrático y Social; en el 2003, al iniciar un progresivo alejamiento del mundo consciente, como consecuencia del alzhéimer y, finalmente, la muerte clínica, ayer, 23 de marzo del 2014, al filo de las tres de la tarde[62].

Como puede comprobarse, Juliana y yo hemos coincidido en las tres primeras fechas, de 1981 y 1991, y en la última. Queremos confesar que barajamos estudiar el momento en que su hijo anunció su enfermedad, pero una primera búsqueda no nos ofreció un material tan interesante.

En general, hemos observado que ABC y La Vanguardia siempre se mostraron más positivos, mientras que El País fue mucho más duro en 1981 y Diario16 mantuvo críticas y reconocimientos.

Si cuando dimite El País se presenta muy crítico, es cierto que ya algunos le reconocen que ha prestado un gran servicio a España. Pero ninguno pide su vuelta o que no dimita, y alguno se pregunta (con mayor o menor preocupación) si será una maniobra para regresar fortalecido.

Apenas unas semanas después, cuando tiene lugar el golpe de Estado, las imágenes de TV y sus fotos con Gutiérrez Mellado comienzan a provocar comentarios sobre su coraje y dignidad, inmediatos en ABC y luego en el resto de periódicos. Afirmamos que es ahí cuando el presidente comienza a convertirse en mito, pues es uno de los hechos más citados en todos los homenajes que se le hacen a partir de entonces.

Sin embargo, su continuidad en la política (que algunos se atreven a criticar en su muerte) impide que se le reconozca más aquella labor. Habrá que esperar a 1991, a su salida tras el fracaso electoral del CDS, para que esto cambie, aunque en ese momento, en 1991, apenas haya algunos comentarios en su despedida que recuerden su primera etapa.

Si en la concesión del Premio Príncipe de Asturias vemos como la prensa más conservadora se volcó para rendirle tributo (en especial ABC, donde publican muchos antiguos ucedistas), ante su fallecimiento todos se volcaron. Para entonces, a tenor de lo publicado, Suárez había conseguido la categoría de mito, refrendado por toda la prensa (incluso la del país vecino). El hacedor, el timón, el artífice, el arquitecto… En esta ocasión, y por primera vez, deja en un segundo lugar al rey, aunque todos le citen y algunos le enfaticen (ABC). Lo que se repite también es el elogio de sus cualidades para el diálogo, para entenderse con el adversario, para buscar el consenso. Pero, en todos los casos, se le recuerda o alaba con algo o mucho de nostalgia al compararlo con la crispación que se vivía en la España de 2014. Esto nos hace afirmar que la España del siglo xxi, en pleno conflicto catalán y saliendo de una terrible crisis económica, necesitó dejar de arrojarse los trastos en la cabeza y ponerse de acuerdo en algo después de mucho tiempo, pero, sobre todo, que necesitaba un símbolo que la uniese[63].

En general, la prensa portuguesa repitió las opiniones de la española. Se nota que sigue los acontecimientos hispanos con mucha atención en los años ochenta (en los que no solo es diaria la inserción de noticias, sino que aparece en portada casi todos los días entre la dimisión y el golpe de Estado). Del resto de informaciones apenas se recoge en un par de líneas su dimisión del CDS en 1991: ya no es una figura relevante (no aparece nada sobre el premio). Cuando fallece, también le rinden homenaje y le dan gran protagonismo.

La prensa fue, con sus informaciones y opiniones, grandes titulares e imágenes, mediadora entre la sociedad y la política. Pero fue más: no solo fuente de la narración, sino creadora de la misma y constructora de la memoria. En esto compartimos la opinión de Bellido en su estudio sobre la televisión y la memoria porque los periódicos, además de palabras, incluyeron imágenes. No es casual que ciertas fotografías se repitan aumentando su valor simbólico (23F, la amistad con el rey). Esas imágenes han pasado a convertirse en referentes de la memoria colectiva.

Un Suárez convertido en mito, en símbolo, en padre fundacional de la democracia, en la voz de todos los periódicos y de los políticos que en ellos publicaron, aunque solo algunos recordasen que esas mismas voces le denigraron durante su presidencia. Y es que había pasado del desprestigio a los altares de la patria.

Imagen 3.

Guillermo en El Mundo (24-‍3-2014, p. 2)

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Fuente: hemeroteca digital del periódico.

NOTAS[Subir]

[1]

Esta investigación se inserta en el marco del proyecto de investigación «Construir democracias. Actores y narrativas en los procesos de modernización y cambio en la península ibérica (1959-‍2008)». Ref. PID2019-107169GB-I00.

[2]

Redero San Román (‍2017): 301-‍316.

[3]

Entrevista realizada por la periodista de ABC Josefina Martínez del Álamo a Suárez en 1980 durante un viaje a Perú. Fue tan sincero en ella que su Gabinete prohibió la publicación de la misma. No salió a la luz hasta 2007 (dominical de ABC: 7D, 23-09-2007: 1-‍7).

[4]

Bertrand (‍2015).

[5]

Luis (‍2015).

[6]

Sabater (‍2020).

[7]

El año milagroso, según González de la Vega (‍2006).

[8]

Gregorio Morán (‍2009). Morán mismo es un buen ejemplo de ese cambio. Fue su biógrafo más crítico. Su primera biografía, Adolfo Suárez, historia de una ambición, de 1979, fue tremendamente cruel con el personaje. Siendo también crítica, la que publica en 2009, Adolfo Suárez, ambición y destino, es mucho más considerada, reconociendo algunas luces entre sus muchas sombras.

[9]

Véase Almuiña (‍1989).

[10]

Bellido (‍2019): 78.

[11]

Alguna de ella se comenta en Pasamar (‍2019).

[12]

Si se observan sus biografías, casi todas salidas de manos de antiguos colaboradores y políticos de la UCD y otras de periodistas, se puede ver cómo los libros biográficos aparecieron en tres grandes hornadas. Los primeros en los años ochenta, tras dejar la presidencia (en lo que Pasamar denomina el «periodo de la satisfacción» (‍2019: 50). Una nueva hornada de biografías se publicó a mitad de los años noventa y, por último, otro nuevo grupo saldría en 2006. 1996 y 2006 coinciden con la conmemoración de los veinte y treinta años de la llegada de Suárez al poder, y la segunda fecha también con el anuncio de su enfermedad por su hijo. Solo ya a comienzos del siglo xxi surgen biografías fruto de serios análisis históricos, entre las que destaca la de Juan Francisco Fuentes (2011).

[13]

Cordero Pérez (‍2018).

[14]

Zugasti (‍2007).

[15]

Sanmartí (‍2015).

[16]

Herrero Izquierdo (‍2020).

[17]

Herrero y Reguero (‍2020).

[18]

Bellido (‍2019) y Martín Jiménez (‍2011).

[19]

Martín Jiménez (‍2016): 680.

[20]

Pelaz y Martín Jiménez (‍2019): 255.

[21]

Bellido (‍2019): 180.

[22]

Ibid.: 188.

[23]

Ibid.: 191.

[24]

Ibid.: 540-541.

[25]

Díez Miguel (‍2017a).

[26]

Díez Miguel (‍2015): 605.

[27]

Díez Miguel (‍2017b).

[28]

ABC, nacido en 1905, siempre ha mostrado una línea editorial monárquica que se fue haciendo más conservadora desde la Segunda República. Al llegar la democracia no supo adaptarse bien a la nueva etapa. Guillamet lo califica de «neofraquista» (‍Guillamet, 2018): 59-‍80.

[29]

Aparecido en 1976, fue desde pronto un periódico muy influyente, con colaboradores de variada procedencia, lo que junto a la calidad de su sección de opinión le dio gran prestigio (‍Sanmartí, 2015).

[30]

Diario16 surgió de la revista Cambio16. Nació en 1976 y terminó cerrando en 2011 (en 1998 el Grupo 16 lo venció al Grupo Voz). Fue parte de la prensa que apoyó el cambio democrático. Cercano al PSOE en general, aunque también tuvo sus desencuentros.

[31]

La Vanguardia fue fundada en 1888 por la familia Godó. Fue desde sus orígenes un periódico monárquico y en la Transición también defendió el papel del rey. Marcel Mauri y Anna Nogué en Guillamet (2018): 42.

[32]

Nacido en 1989, pronto consiguió grandes tiradas gracias a sus reportajes sobre los escándalos de los Gobiernos socialistas, a los que atacó duramente. Está más cercano en su línea editorial al centroderecha.

[33]

Los datos de tiradas en Portugal son muy accesibles gracias a la página de la Associação Portuguesa para o Controlo de Tiragem e Circulação (http://www.apct.pt/Analise_simples.php).

[34]

El Diario de Notícias de Lisboa es posiblemente el gran periódico de esta etapa en Portugal y en casi todo el siglo xx (nacía en 1864). El periódico, que contó siempre con colaboraciones de grandes figuras literarias, es el representante de la prensa de información y de gran calidad. Nacionalizado en 1975, desde los años noventa su propietario era Empresa Diário de Notícias, SA. Hoy lo es Global Media Group (‍Checa, 1999; ‍Lemos, 2020: 260-‍267).

[35]

En 1979 nació Correio da Manhã, «diario considerablemente menos político y más populista que sus predecesores, cercano al modelo de los tabloides ingleses» (‍Checa, 1999: 116). El éxito fue muy rápido, y en un lustro de existencia se convirtió en el diario lisboeta más leído, y continúa siéndolo hasta hoy. El periódico fue creado por el grupo Cofina (‍Lemos, 2020: 192-‍194).

[36]

Jornal do Noticias, de Oporto, es otro periódico informativo de calidad y de gran longevidad, pues fue fundado en 1888. Nacionalizado en 1975, fue restituido a su empresa propietaria en 1979. Con sus setecientos trabajadores, es la empresa periodística más relevante del país en los años ochenta y será controlado por Lusomundo (‍Checa, 1999; ‍Lemos, 2020: 374-‍376).

[37]

Aunque no existía en 1981, hemos decidido incluir el diario Público (hemos consultado la edición de Lisboa) por su gran calidad y relevancia en el panorama periodístico portugués desde su nacimiento en 1990. Público pertenece al relevante grupo empresarial SNAE (‍Lemos, 2020: 511-‍512).

[38]

El País, 30-1-1981: 1, 6.

[39]

Justino Sinova: «Ídolo caído», Diario 16, 30-1-1981.

[40]

«Sorpresa pero no tanto», La Vanguardia, 30-1-1981: 11.

[41]

Jaime Capmany: «El inicio del martirologio», ABC, 30-1981: 15.

[42]

Justino Sinova: «Ídolo caído», Diario 16, 30-1-1981.

[43]

«Adolfo Suárez, una digna actitud», ABC, 24-2-1981: 4.

[44]

«Defender la democracia», El País, 26-2-1981.

[45]

«Respeto a Suárez», ABC, 27-5-1991: 65.

[46]

Julián Lacalle: «¡A buenas horas!», Diario 16, 27.5.1991: 22.

[47]

Gregorio Morán (‍2009): 27.

[48]

José M.ª Aznar: «Por la concordia». ABC, 14-9-1996: 32.

[49]

Gregorio Peces Barba: «Garantía viva de concordia nacional», ABC, 14-2-1996: 35.

[50]

«Suárez reconocido», La Vanguardia, 15-2-1996: 32.

[51]

Javier Tusell: «Un truhan en el pedestal», El País, 14-2-1996.

[52]

Joaquín Prieto: «El líder que cambió la historia de España», El País, 23-3-2014: 2.

[53]

«Madrid y Ávila Despiden a Suárez con agradecimiento y «Vivas a la Democracia», El País, 26-3-2014: 14-‍15.

[54]

«Un legado histórico», ABC, 24-3-2014: 4.

[55]

«Un legado histórico», ABC, 24-3-2014: 4.

[56]

Juan Manuel de Prada: «Panegiristas», ABC, 24-3-2014: 14.

[57]

«Un político de consensos», El País, 24-3-2014.

[58]

«Con Adolfo Suárez se va la manera más noble de hacer política», El Mundo, 24-3-2014: 3.

[59]

Pedro G. Cuartango: «¿Existió Suárez?», El Mundo, 24-3-2014: 3.

[60]

«El diálogo como legado», La Vanguardia, 24-3-2014: 1, 18.

[61]

Enric Juliana: «La España en crisis eleva a Adolfo Suárez a la categoría de mito», La Vanguardia, 24-3-2014: 14.

[62]

Ibid.: 8.

[63]

Aunque en el Congreso no hubo unidad en la declaración institucional por la negativa de los republicanos catalanes de ERC y los nacionalistas de Amaiur (‍Dubosquet, 2015): 125.

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