“Muy bien, pero ¿puede usted fundamentarlo?” Evocación de Robert Alexy con motivo de su fallecimiento

Jorge Alexander Portocarrero Quispe Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

9 de septiembre de 2026

La evocación del legado personal y científico de Robert Alexy siempre sería un evento edificante y de celebración. En este momento dicha evocación tiene un cariz distinto, Robert Alexy falleció en Kiel el 5 de septiembre de 2026 dejando un legado intelectual y personal que difícilmente se borrará de las páginas de generaciones de juristas en todo el mundo que le han seguido para encomiarlo o para criticarlo. Sus trabajos pioneros en la teoría de la argumentación jurídica, la razón práctica, los derechos fundamentales, la filosofía del derecho y la democracia deliberativa han influido a innumerables cortes constitucionales e internacionales, así como la labor de científicos del derecho. Su partida es una pérdida tan irreparable como inevitable.

El Prof. dr. h.c. mult Robert Alexy nació el 9 de septiembre de 1945 en la ciudad de Oldenburg (Alemania). Luego de aprobar el examen de bachillerato, realizó el servicio militar por tres años en la Bundeswehr (ejército alemán) alcanzando el grado de Leutnant (teniente). Alexy recordaba de su época en el ejército, con cierto humor, la nota que le dejó el evaluador de su examen de graduación: «el examen constaba de una pregunta abierta a desarrollar, había que determinar y justificar cómo utilizar bombas nucleares tácticas en caso de un conflicto bélico. Obtuve la máxima calificación a mi examen y una nota del evaluador escrita con bolígrafo que decía: ‘nadie puede ser más sutil y ponderado empleando armas nucleares que Robert Alexy’».

En 1968 inició sus estudios de filosofía y ciencia jurídica en la Universidad de Gotinga, siendo su maestro en filosofía el Prof. Günther Patzig y en ciencia jurídica el Prof. Ralf Dreier. En 1978, a los 33 años de edad, publicaría la primera obra que le valdría fama mundial, La teoría de la argumentación jurídica, en la que ampliaba el horizonte de la metodología tradicional de interpretación legalista, introduciendo la tesis de que el discurso jurídico es un caso especial del discurso práctico general, así como la idea de la existencia de un punto medio entre el irracionalismo subjetivista y el formalismo legalista. Esta obra recibió ese mismo año el premio de filología histórica de la Universidad de Gotinga. Alexy solía evocar la etapa final de redacción de esta obra siempre en conexión con su esposa Edith: mencionaba que en muchas ocasiones quiso abandonar la redacción porque le parecía que su tesis no era lo suficientemente buena, llegando a tirar el manuscrito a la basura. Edith, recogiendo el manuscrito, se lo volvió a entregar diciéndole que no habían invertido tanto tiempo y esfuerzo para que dejase su obra inconclusa. Tenemos mucho que agradecer a Edith Alexy.

Luego del éxito de La teoría de la argumentación jurídica, Alexy fue asistente científico de la cátedra del Prof. Ralf Dreier entre 1978 y 1984. Ese último año Alexy se habilitó para la docencia universitaria en la Universidad de Gotinga con el libro La teoría de los derechos fundamentales, en la que planteaba oficialmente (esta idea ya aparecía en artículos previos) su famosa teoría de los principios como mandatos de optimización y la tesis de la ponderación. Luego de rechazar la invitación para ser catedrático en la Universidad de Regensburg, Alexy aceptó en 1986 la invitación de la Christian-Albrechts Universität zu Kiel para ser catedrático de Derecho Público y Filosofía del Derecho. Desde entonces hasta su jubilación en 2015, Alexy impartió los cursos de metodología de la ciencia jurídica, lógica jurídica, Derecho de Estado II, Filosofía del derecho y el Seminario de investigación. En 1992 publicaría su obra sobre filosofía del derecho El concepto y la validez del derecho, donde planteó sus argumentos en favor de una conexión necesaria entre derecho y moral, así como la idea del límite a la injusticia extrema basada en la llamada “fórmula de Radbruch” (Gustav Radbruch también había sido profesor de derecho penal y filosofía del derecho en Kiel entre 1919 y 1926).

Durante su tiempo como catedrático en Kiel, Alexy recibió invitaciones para ser catedrático en otras universidades como, por ejemplo, una invitación a la Universidad Graz en 1991 como sucesor de Ota Weinberger, que finalmente rechazó. Alexy recordaba especialmente la invitación que recibió en el año 1997 para ser catedrático en la Universidad de Gotinga (su alma mater) como sucesor de su maestro Ralf Dreier, hecho que originó una manifestación pública por parte de los estudiantes de Kiel para que Herr Professor Alexy no dejara su Universidad.

Entre los galardones que ostenta Robert Alexy se encuentra la Bundesverdienstkreuz erste Klasse (la Cruz al Mérito de 1.ª clase de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, 2010), el Premio Científico de la ciudad de Kiel (2013), así como múltiples reconocimientos como doctor honoris causa (de ahí el h.c. mult en su nombre): le han concedido este título las universidades de Alicante (España), Buenos Aires (Argentina), Tucumán (Argentina), Amberes (Bélgica), la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima (Perú), la Universidad Ricardo Palma de Lima (Perú), la Universidad Federal de Teresina (Brasil), la Universidad Carolina de Praga (República Checa), la Universidad de Coimbra (Portugal), las universidades federales brasileñas de Porto Alegre y Belo Horizonte, la Universidade do Oeste de Santa Catarina de Chapecó, la Universidad Federal de Río de Janeiro (ambas de Brasil) y la Universidad del Rosario de Bogotá (Colombia).

 

Nota personal. Como becario del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), tuve la oportunidad de realizar mi tesis doctoral en Kiel bajo la supervisión de Alexy entre los años 2008 y 2012. Ello me dio el privilegio de poder asistir a las lecciones ordinarias de Alexy como alumno regularmente inscrito. Si hay una frase que podría rescatar de esas clases y que creo habrá quedado en la memoria de generaciones de alumnos que asistieron a sus lecciones es su réplica a cualquier respuesta correcta por parte que pudiera recibir sobre el tema de la clase: “muy bien, pero ¿puede usted fundamentarlo?” A esta frase, por lo general, seguía el mutismo por parte de quien había sido interrogado.

Siendo alumno de Alexy en Kiel, uno no podía evitar notar que el profesor Alexy entraba al aula con una exagerada puntualidad pasados 15 minutos exactos de la hora en que estaba programada la sesión (el famoso cum tempore o cuarto de hora académico). Con un rostro entre severo y adusto, dejaba su maletín sobre la mesa (siempre en el mismo lugar cerca de la “cátedra”), desempacaba unas hojas manuscritas, alzaba la mirada hacia los alumnos y, cogiendo una tiza (gis) escribía lentamente sobre la pizarra verde oscuro el esquema que iba a seguir durante la sesión. Las clases siempre las daba de memoria, recitando artículos y sentencias del Tribunal Constitucional Federal alemán combinadas con referencias a Kant, Goethe, Propercio o Aristóteles. En algún momento de la clase de pronto exclamaba en voz alta: “¡y ahora un teorema!” (und nun, Lehrsatz!) Y daba algún concepto o enunciado que explicaba sintéticamente el contenido del tema que estaba exponiendo. Era la ocasión más esperada por sus alumnos, pues esas frases seguramente serían útiles para cuando habría que escribir el famoso, y temido, Klausur (examen de fin de curso). Durante sus clases, Alexy mencionaba algunas historias y ejemplos curiosos entre tanta temática árida: así, por ejemplo, la historia de la mujer que vendía pasteles o la historia del saco de Santa Claus. Alexy salía del aula al finalizar la clase con un nun meine Damen und Herren, bis zum nächsten Mal! (“y bien, señoras y señores, ¡hasta la próxima vez!”).

Recuerdo que Alexy no vivía muy lejos del seminario de derecho, así que solía ir en bicicleta a sus clases y a su oficina. No pocas veces, camino al seminario, uno podía escuchar el tintineo obstinado de un timbre de bicicleta aproximándose por detrás; al voltear se veía la imagen de una persona con una gabardina negra al viento, abierta cual alas de ave, con un sombrero negro de ala ancha. “¡Ahh, es Alexy camino al seminario en la Leibnizstraße 7!”.

En su trato personal en el seminario, Herr Professor Alexy era bastante distante. Mi trato con él siempre fue jerárquico o al menos así lo percibía yo. El “Herr Portocarrero” me acompañó durante los cuatro años que estuve como doctorando en Kiel y solo después de haber aprobado el Rigorosum (la defensa de la tesis doctoral), Alexy me pidió que le llame en adelante Robert, mientras que él iba a dejar de decirme “Herr Portocarrero” y pasar a llamarme por mi nombre de pila. ¡Toda una ceremonia eso de pasar a tutearse en la academia alemana!

Un evento muy conocido y recordado entre sus alumnos avanzados, colaboradores científicos, doctorandos y profesores visitantes era sin duda el colloquium de los jueves. Pocas veces he presenciado el nivel de crítica severa a que se sometían los papers en esos seminarios. Pero siempre, eso sí, con la mejor intención de mejorar su contenido. Tras dos horas (o más) de colloquium, todos nos dirigíamos a la tradicional cena en casa de Alexy, donde siempre, desde que en los años 90 el Prof. Massimo La Torre sugiriera la receta, se comía pasta con salsa bolognesa, preparada por los atribulados ponentes y resignados participantes del seminario. Las celebraciones por Navidad en el seminario eran un acontecimiento muy esperado. El último jueves de la segunda semana de diciembre era “el día”. A veces en la Sala Kantorowicz, otras veces en la biblioteca de derecho internacional público, se juntaban las mesas para que todos los miembros del seminario de Alexy e invitados nos sentásemos a degustar alguna especialidad navideña. El momento cumbre era el esperado poema de navidad que Alexy recitaba y que tenía que ver con un siniestro Santa Claus.

En retrospectiva se puede decir que Alexy era un maestro y mentor, pero también un ser humano, con virtudes y defectos. Fue un factor decisivo en la vida de muchos de sus discípulos precisamente por sus virtudes y defectos. Sus ideas han viajado por todo el mundo y han sido traducidas a innumerables idiomas. Ciertamente, hay pocas cortes constitucionales que no hayan tenido que lidiar, directa o indirectamente, con sus teorías. Su obra es difícil de enmarcar exclusivamente en los campos de la filosofía del derecho, el derecho constitucional, el derecho público o la argumentación jurídica, ya que los abarca todos. Lo que sí es seguro es que se puede afirmar (y fundamentar, como siempre exigía Alexy) es que ha ganado la inmortalidad, pues nos sigue y seguirá hablando desde sus obras y desde los recuerdos que ha dejado en todas las personas que interactuaron con él. Que la tierra te sea leve, Robert. 

Cómo citar esta publicación
Portocarrero Quispe, Jorge Alexander (9 de septiembre de 2026). “Muy bien, pero ¿puede usted fundamentarlo?” Evocación de Robert Alexy con motivo de su fallecimiento. Blog del CEPC https://www.cepc.gob.es/blog/...