Rafael Bustos Gisbert Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid y miembro titular de la Comisión de Venecia por España
4 de diciembre de 2025
La conferencia internacional de la que damos cuenta se celebró los pasados días 20 y 21 de noviembre en la sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en San José de Costa Rica. La conferencia se organizó en el marco del acuerdo de colaboración entre el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y la Comisión de Venecia que ya ha dado lugar a interesantes encuentros de los que se ha ido dando cuenta en este mismo blog. En este caso, la CIDH se sumó a la organización del evento.
Detrás de la organización de esta conferencia se encuentra la honda preocupación a ambos lados del Atlántico por el ascenso de movimientos políticos que ponen en cuestión las bases del Estado de Derecho bajo una aparente justificación democrática. Movimientos que, a la postre, se convierten en serias amenazas no solo para el Estado de Derecho, sino para la propia democracia y para los derechos humanos. El fenómeno es bien conocido y algunos de sus efectos se dejan sentir ya con claridad y serán difíciles de sanar en el futuro. Resultaba por ello importante diseñar una sede de encuentro entre Europa y América Latina para analizar las causas, los métodos de actuación y las fórmulas para oponerse a dichos movimientos a partir de la experiencia en ambos continentes. La conferencia pues dio lugar a una reflexión entre América y Europa, pero también entre las perspectivas nacional e internacional y entre los estándares de hard law (representado por la jurisprudencia de los tribunales nacionales e internacionales) y de soft law (representado por los documentos de la Comisión de Venecia).
I
La conferencia se estructuró en cuatro mesas todas ellas moderadas por magistrados de la CIDH. La primera mesa titulada “Crisis de la Democracia y del Estado de Derecho” abordó dos cuestiones. Por una parte, la crisis desde la perspectiva latinoamericana (Ricardo Pérez Manrique, juez de la CIDH) y europea (Rafael Bustos Gisbert, miembro de la Comisión de Venecia) así como su concreta manifestación en Brasil (Luiz Edson Fachín, Presidente del Supremo Tribunal de Brasil) y, por la otra, las fórmulas para afrontarlas igualmente desde la óptica latinoamericana (María Pía Silva Gallinato, ministra del Tribunal Constitucional de Chile y miembro de la Comisión de Venecia) y europea (Camino Vidal Fueyo, directora general de Asuntos Constitucionales en el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes). La segunda mesa bajo la rúbrica “La democracia a la luz de la jurisprudencia de los tribunales internacionales-nacionales y de la Comisión de Venecia” examinó, por una parte, los estándares sobre democracia establecidos en la jurisprudencia de los tribunales interamericano (Verónica Gómez, jueza de la CIDH), europeo (Mārtiņš Mits, exjuez del TEDH, magistrado del Tribunal Constitucional de Letonia y miembro suplente de la Comisión de Venecia) y brasileño (Carmen Lúcia Antúnes Rocha, presidenta del Tribunal Superior Electoral, ministra del Supremo Tribunal General de Brasil y miembro de la Comisión de Venecia). Por la otra, se expusieron los estándares formulados en el seno de la Comisión de Venecia con respecto a la relación entre democracia y derechos humanos con particular atención al reciente memorándum como amicus curiae sobre la cuestión solicitado por la CIDH (Paloma Biglino Campos, miembro suplente de la Comisión de Venecia) y los establecidos en relación con el control de los procedimientos parlamentarios (Nicos Alivizatos, miembro de la Comisión de Venecia). Las dos mesas, incluyendo los debates subsiguientes, pueden ser seguidas en este enlace.
La segunda jornada de la conferencia también se estructuró en dos mesas que abordaron aspectos concretos de los desafíos para la democracia y el Estado de Derecho. En la mesa 3, bajo la rúbrica “Democracia y Juez Independiente”, se abordó la esencial vinculación entre independencia judicial, Estado de Derecho, derechos humanos y democracia. Ello desde la óptica de la jurisprudencia interamericana (Rodrigo Mudrovitsch, juez de la CIDH); de los estándares europeos afirmando que la democracia solo es posible en el seno de un Estado de Derecho garante de la independencia judicial (Veronika Bilkova, vicepresidenta de la Comisión de Venecia); de los vínculos entre juez constitucional y democracia (Luis López Guerra, exjuez TEDH); y de la conexión de la recepción del derecho internacional de los derechos humanos con la democracia (Manuel Monteagudo Valdez, magistrado del Tribunal Constitucional de Perú y miembro de la Comisión de Venecia). Finalmente, la mesa 4 se centró en un tema de indudable interés y actualidad, “Democracia 4.0: la democracia ante las nuevas tecnologías”, también desde la doble mirada latinoamericana y europea. Desde el punto de vista latinoamericano se expusieron los desafíos planteados por las nuevas tecnologías para los derechos humanos y la democracia (Nancy Hernández López, presidenta de la CIDH) y la relación entre constitución, tecnología y verdad como un nuevo dilema para la democracia (Jorge Enrique Ibáñez Najar, presidente de la Corte Constitucional de Colombia). Desde la óptica europea se abordó la respuesta normativa a los retos de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial (Richard Barrett, miembro de la Comisión de Venecia) y los estándares existentes para garantizar la integridad electoral ante el uso de las nuevas tecnologías (Óscar Sánchez Muñoz, miembro suplente de la Comisión de Venecia). Las ponencias de ambas mesas pueden ser seguidas en el siguiente enlace.
La clausura del acto fue realizada por una mesa con la presidencia de Nancy Hernández López (presidenta de la CIDH) y con la participación de Mayte Salvador Crespo (subdirectora del CEPC) y Claire Bazy Malaurie (presidenta de la Comisión de Venecia) después de la exposición de las conclusiones de la conferencia que tuve el honor de presentar y que paso a resumir a continuación.
II
No es posible condensar en unas breves conclusiones todas las ricas ideas, sugerencias y aportaciones expuestas en las cuatro mesas que estructuraron la conferencia. Por ello, se trata ahora de exponer solo las líneas maestras que, para quien esto escribe, inspiraron en su conjunto las diferentes intervenciones y que parecen aceptadas por todos los ponentes. Para ello recurriremos a cinco verbos y a un sustantivo.
Defender. “La amenaza es real”, con estas palabras Claire Bazy Malaurie daba el pistoletazo de salida a la conferencia en la inauguración. Y este fue sin duda uno de los elementos básicos inspiradores de las sesiones. La democracia y el Estado de Derecho están siendo cuestionados de manera relevante dando origen a una batalla en la que es necesario defender la tríada mágica que constituye el acuerdo básico civilizatorio en Europa y América: Estado de Derecho, democracia y derechos humanos. Por ello, han de reivindicarse claramente esos tres principios frente a las críticas que, cada vez con más virulencia, proceden de movimientos que quieren socavarlos y sustituirlos por nuevas formas de autocracia. En tal sentido se ha de defender no solo la bondad ética o jurídica de los mismos, sino también sus logros materiales. El gobierno bajo esos tres principios es no solo es el más legítimo jamás alcanzado, sino también el que ha hecho posible la época de mayor paz, seguridad y prosperidad para los ciudadanos en la historia. No hay un tiempo en que los seres humanos hayan vivido en mejores condiciones (jurídicas y políticas) de libertad, igualdad y justicia que cuando han estado gobernados bajo el amparo de estos tres principios fundantes de la convivencia. Merece la pena, pues, defenderlos con ahínco. En particular, respecto a las nuevas generaciones cuya memoria histórica no alcanza ya a recordar los episodios oscuros anteriores a la completa eclosión de esos tres principios y cuyo desarrollo personal e intelectual se realiza en nuevos contextos tecnológicos enormemente diferentes a aquellos en los cuáles el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos se concibieron y desplegaron a partir del desastre de la II Guerra Mundial.
Dialogar. El diálogo aparece como el único método para que la defensa de la democracia y el Estado de Derecho pueda ser eficaz. En el caso de la conferencia se trata de un diálogo trasatlántico, entre América y Europa. “Juntos somos más fuertes” afirmó con toda la razón la presidenta de la CIDH en la inauguración de la conferencia. Un diálogo centrado en analizar tres grandes tipos de cuestiones. En primer lugar, se estudiaron los concretos desafíos a la democracia y el Estado de Derecho planteados en los últimos años. Se describió en qué consisten, cómo se despliegan y qué efectos (por otra parte, demoledores) han venido generando en nuestro entorno. En segundo lugar, se apuntó la necesidad de establecer cuáles son los motivos detrás del creciente apoyo a los movimientos que desafían el Estado de Derecho. Se esquivó, por tanto, realizar un análisis autocomplaciente de los logros de la democracia y del Estado de Derecho para identificar en qué cuestiones su despliegue práctico habría fallado hasta el punto de nutrir un creciente desapego a ambos principios. En tal sentido se subrayaron dos grandes tipos de problemas. Por una parte, las dificultades para asegurar unas condiciones dignas de vida en el marco de una mayor igualdad económica y social y, por la otra, los problemas para articular una democracia capaz de ilusionar a los ciudadanos en el sentido de hacerles sentir verdaderamente partícipes de las decisiones públicas. En tercer lugar, se estudió el efecto de la irrupción de las nuevas tecnologías en el desenvolvimiento de la democracia y el Estado de Derecho. Se hizo aquí especial énfasis en su uso interesado por los movimientos iliberales para la destrucción de ambos principios, en particular durante los periodos electorales, pero sin dejar de subrayar que el efecto es más amplio y abarca en general al modo en el que la deliberación pública se ve afectada, los derechos humanos ignorados y el Estado de Derecho socavado.
Repensar. Sin embargo, no se trata solo de analizar. Es necesario también volver a pensar los elementos básicos conformadores de los tres principios. Esta labor de reflexión se realizó durante la conferencia siempre siguiendo el método del diálogo transoceánico, pero teniendo en cuenta la necesidad de adoptar un cierto cambio de perspectiva. Es necesario que esta redefinición sea realizada tras introducirnos en la mente de las nuevas generaciones formadas en nuevos contextos tecnológicos. Tres grandes líneas de reflexión aparecieron con cierta claridad en las diferentes ponencias. Atañe la primera a la conveniencia de subrayar elementos del concepto de democracia que de alguna manera habrían quedado eclipsados tras su simplificadora reducción al puro momento electoral. Entre tales elementos destacaríamos:
- la negación de que sea democrático entender la victoria electoral de manera que el ganador “se lo lleve todo” y pueda actuar sin límites ni respeto hacia las minorías perdedoras
- la afirmación de que la alternancia en el ejercicio del poder es consustancial a la democracia de manera que el contrincante derrotado no es el enemigo, sino el gobernante del futuro
- la asunción de que la democracia no solo ha de representar a los ciudadanos, sino que ha de hacer presente al ciudadano en la toma de decisiones.
Se refiere la segunda gran línea de reflexión a la conveniencia de ahondar en elementos básicos del Estado de Derecho para que pueda desempeñar su función de limitación del poder no solo desde una aproximación formal-procedimental, sino sobre todo material-sustantiva. El Estado de Derecho debe aparecer así no como un puro envoltorio jurídico de los procedimientos para el ejercicio del poder, sino como un mecanismo básico de realización de valores sustantivos resumidos en la garantía del autogobierno democrático de los pueblos y el aseguramiento de sus derechos tanto políticos como socio-económicos.
En fin, se centra la tercera gran línea de reflexión en las fórmulas para repensar los valores sustentadores de la democracia y del Estado de Derecho en los nuevos contextos tecnológicos teniendo en cuenta que han originado nuevas formas de comunicación pública y nuevos actores (privados) cuyo poder excede, tanto económica como políticamente, al de muchos de los Estados considerados soberanos. La adaptación de los conceptos de democracia, Estado de Derecho y derechos humanos a la nueva realidad tecnológica (especialmente la algorítmica) es una tarea hercúlea que ha de ser afrontada cuanto antes.
Proponer. Una conclusión clara del diálogo mantenido en la conferencia es que ya no cabe ser solo reactivos. Es necesario, sobre todo, ser proactivos. Es momento de abandonar posiciones de pura defensa para pasar a un contrataque conceptual. Por ello de las ponencias y de las discusiones surgieron propuestas de acción para la defensa de la democracia y el Estado de Derecho frente a los desafíos actuales. No se pueden destacar aquí todas por lo que baste apuntar solo algunas:
- el fomento de la cultura constitucional en los ciudadanos asentado no solo en el incremento de un sentimiento constitucional nacional, sino también en el desarrollo de un sentimiento convencional de alcance continental, tanto en América como en Europa
- la incorporación de cláusulas de intangibilidad o cláusulas pétreas en las constituciones capaces de blindar los fundamentos últimos de la democracia y el Estado de Derecho frente a las agresiones derivadas de meras victorias electorales
- la extensión de obligaciones de Estado de Derecho, democracia y derechos humanos a los nuevos poderes tecnológicos de modo que su naturaleza privada no constituya un obstáculo para la incorporación de los valores fundantes de la sociedad a su funcionamiento
- la defensa de la independencia judicial en cuanto clave de bóveda no solo del Estado de Derecho, sino también de la democracia y los derechos humanos
- el reconocimiento del papel de las instancias de control de constitucionalidad como contrapoder básico de mayorías electorales temporales aumentando la legitimación para recabar su protección, asegurando la posibilidad de revisar las reformas constitucionales y garantizando la selección de personas independientes para el desempeño de sus funciones
- el incremento del papel de los organismos internacionales en la defensa no solo de los derechos humanos sino también de la democracia y del Estado de Derecho. En este último sentido se apuntó la creciente y significativa complementariedad entre la labor de los tribunales internacionales de protección de derechos humanos y los organismos internacionales encargados de la defensa del Estado de Derecho y de la democracia, como la propia Comisión de Venecia. Las cortes internacionales de defensa de derechos pueden convertirse en un instrumento esencial para mutar en vinculantes y exigibles principios derivados del Estado de Derecho y de la democracia en la medida en que se puedan integrar en el ámbito protegido por los derechos humanos reconocidos en las convenciones.
Fortalecer. El objetivo último de la conferencia tal y como se desprende las intervenciones de los participantes es el de fortalecer la democracia y el Estado de Derecho. Tanto la democracia como el Estado de Derecho han de ser capaces de defenderse a sí mismas. Pero han de disponer de los instrumentos para ello. Y en tal sentido ha de tenerse en cuenta que la inextricable unión entre Estado de Derecho, democracia y derechos humanos implica que el fortalecimiento de uno de ellos redunda en beneficio de todos. No pueden existir por separado ni contraponerse artificialmente. Tampoco cabe pretender fortalecer uno de los elementos en detrimento de los otros. Debilitar la democracia supone delimitar el Estado de Derecho del mismo modo que fortalecer el Estado de Derecho supone fortalecer la democracia. Es en este contexto en el que el fortalecimiento de la independencia judicial y de la justicia constitucional adquiere toda su importante significación. Además, el fortalecimiento de la democracia y el Estado de Derecho pasa hoy por provocar un cambio de paradigma en el desarrollo de las nuevas tecnologías. Estas se han desarrollado, hasta ahora, ajenas a los tres valores de convivencia básicos. Exclusivamente guiadas por la búsqueda del beneficio económico y al margen de la actuación de los poderes públicos. Es hora de que estos comiencen a utilizar esas nuevas tecnologías en beneficio propio. Resulta imperioso explorar las fórmulas para utilizar las nuevas tecnologías en favor de la democracia y el Estado de Derecho. Conseguir, en fin, que la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos se fortalezcan (y no debiliten) a través de las enormes posibilidades que estos desarrollos generan. Los cambios tecnológicos siempre han acabado generando, tras un proceso de adaptación más o menos largo, una mejora en las condiciones de vida y de convivencia de los ciudadanos. Parece necesario que el proceso de adaptación a las nuevas tecnologías sea lo más breve posible en lo referido a su uso para la mejora de los tres principios fundantes de nuestros Estados sociales y democráticos de Derecho. Solo así, tal y como se apuntó en la conferencia, podremos restaurar la confianza entre ciudadanos y entre estos y los poderes públicos. Confianza que, al fin y al cabo, constituye el humus de la democracia.
Compromiso. Este es el sustantivo capaz de resumir las conclusiones de la conferencia y la propia conferencia en sí misma. Compromiso en las cinco acciones expuestas: defender, dialogar, repensar, proponer y fortalecer la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos. Compromiso de las instituciones que organizaron la conferencia, de aquellas que colaboraron facilitando la presencia de ponentes de toda América (muy singularmente tribunales constitucionales y supremos) y, por supuesto, de los participantes. Dado el resultado de la conferencia es seguro que el compromiso se mantendrá en el futuro y que las tres instituciones organizadoras serán capaces de proponer nuevas sedes para el diálogo transatlántico en defensa de la democracia y del Estado de Derecho.