Mariano Vivancos Profesor permanente laboral de Derecho Constitucional de la Universitat de València
3 de junio de 2026
La publicación de la monografía de Pilar García Trobat Cátedra, política y magistratura en la España liberal: la huella de NJicolás Mª Garelly (Madrid, Dykinson, 2025) constituye una aportación relevante para el conocimiento del primer constitucionalismo español y, en particular, para la comprensión del papel desempeñado por la Universidad en el proceso de construcción y consolidación del Estado liberal. A través de la figura de Nicolás María Garelly, primer catedrático de Derecho constitucional de la Universidad de Valencia, la autora reconstruye una trayectoria personal e institucional que permite aproximarse a algunos de los principales desafíos políticos y jurídicos de la España de la primera mitad del siglo XIX.
La principal virtud de la obra reside en que trasciende el mero estudio biográfico. Lejos de limitarse a reconstruir la trayectoria vital de su protagonista, García Trobat utiliza la figura de Garelly como instrumento para comprender la compleja implantación del constitucionalismo español. La biografía se convierte así en una vía de acceso privilegiada para analizar las tensiones entre tradición y modernidad, entre las inercias heredadas del Antiguo Régimen y las exigencias derivadas de la construcción de un nuevo orden político basado en los principios constitucionales.
La autora prolonga, además, una línea de investigación consolidada a lo largo de los últimos años en torno a la Constitución de Cádiz, la enseñanza del constitucionalismo y la formación de una auténtica cultura constitucional. Esta continuidad investigadora resulta perceptible tanto en el rigor metodológico como en la atención prestada a la dimensión educativa del proceso constitucional, aspecto que constituye uno de los ejes vertebradores de la monografía.
El prólogo de Remedio Sánchez Ferriz cumple una función que va más allá de la presentación convencional de la obra. Desde las primeras páginas se destacan dos elementos que efectivamente constituyen algunas de las principales fortalezas del trabajo: la exhaustividad en el manejo de las fuentes y la capacidad para integrar la dimensión biográfica con los grandes procesos de transformación política e institucional del siglo XIX.
Particularmente acertada resulta la insistencia en la importancia de la Universidad como espacio de construcción del constitucionalismo. La enseñanza de la Constitución aparece en la obra no como una actividad académica secundaria, sino como una auténtica herramienta de transformación política y social. En este sentido, el libro recupera una cuestión que con frecuencia ha quedado relegada en los estudios sobre el primer liberalismo español: la necesidad de formar una ciudadanía capaz de comprender y asumir los valores del nuevo orden constitucional.
No deja de tener significado que estas reflexiones procedan de quien fue la primera catedrática de Derecho Constitucional en España. Existe una evidente continuidad académica e intelectual entre las preocupaciones de quienes han estudiado la evolución histórica del constitucionalismo y el enfoque que adopta la autora al analizar la trayectoria de Garelly.
Estructura y planteamiento de la obra. La monografía se articula en cuatro grandes bloques cronológicos que permiten seguir la evolución de Garelly en paralelo a las transformaciones experimentadas por el sistema político español.
La primera parte se ocupa de los años de formación y de su temprana actividad académica y jurídica. Resulta especialmente interesante el análisis de su participación en los trabajos relacionados con la Novísima Recopilación y la forma en que la autora identifica ya desde este momento algunas de las tensiones que acompañarán toda su trayectoria intelectual: la coexistencia entre estructuras jurídicas heredadas y las demandas de racionalización propias del constitucionalismo liberal.
La atención prestada a la Guerra de la Independencia constituye otro de los aspectos destacables de esta sección. La Universidad aparece como una institución capaz de mantener su actividad incluso en circunstancias extraordinariamente adversas. La continuidad de la enseñanza y la defensa de determinados proyectos educativos revelan una concepción de la educación superior como servicio público esencial y como instrumento imprescindible para la formación de las élites políticas y jurídicas del nuevo Estado.
La segunda parte, dedicada al Trienio Liberal, constituye probablemente el núcleo central de la obra. En ella se analiza la actividad de Garelly como profesor, diputado y responsable político, mostrando cómo estas distintas facetas responden a una misma concepción del constitucionalismo. Sus intervenciones en materias como la codificación, la libertad de imprenta o la instrucción pública ponen de manifiesto una preocupación constante por la coherencia institucional y por la consolidación de un marco jurídico estable.
La tercera parte aborda el periodo abierto con el Estatuto Real de 1834. La autora analiza aquí la participación de Garelly en distintos órganos de gobierno y muestra su progresiva adaptación a un contexto político caracterizado por la búsqueda de fórmulas de estabilidad institucional. Esta evolución resulta especialmente interesante porque permite observar cómo buena parte de los protagonistas del primer liberalismo español fueron ajustando sus planteamientos a las exigencias derivadas de la consolidación del nuevo régimen.
La última parte, dedicada a la Constitución de 1837, incorpora algunas de las reflexiones más sugerentes de la obra. El análisis de cuestiones como la tutela de Isabel II o el adelanto de su mayoría de edad permite apreciar la complejidad de los argumentos jurídicos utilizados en un momento particularmente delicado de la historia constitucional española. La autora pone de relieve cómo determinados razonamientos anticipan categorías que posteriormente adquirirían una mayor elaboración doctrinal.
Especial mención merecen los anexos documentales. La incorporación de los discursos pronunciados en la apertura del Tribunal Supremo no constituye un mero complemento documental, sino una prolongación natural del análisis desarrollado a lo largo del libro. Gracias a ellos resulta posible acceder directamente al pensamiento jurídico de Garelly y comprobar la notable coherencia que caracteriza el conjunto de su trayectoria.
La figura de Garelly y la construcción del constitucionalismo español. Uno de los mayores aciertos de la monografía consiste en presentar la trayectoria de Garelly como reflejo de los problemas estructurales del constitucionalismo español. Su biografía permite observar las dificultades de implantación de un nuevo modelo político en una sociedad todavía profundamente condicionada por categorías jurídicas, sociales y culturales heredadas.
La autora muestra con claridad que la consolidación del constitucionalismo no dependía únicamente de la aprobación de nuevos textos normativos. Era igualmente necesario transformar mentalidades, prácticas institucionales y formas de entender el poder político. Desde esta perspectiva, la actividad docente de Garelly adquiere una importancia singular. La enseñanza del Derecho constitucional aparece vinculada a un proyecto más amplio de formación cívica y construcción de una cultura política compatible con los principios liberales.
También resulta especialmente relevante la atención prestada a los episodios de conflicto que marcaron su trayectoria. Su procesamiento, destierro y posterior reincorporación a la vida pública permiten comprender las dificultades que acompañaron el desarrollo del constitucionalismo español durante sus primeras décadas de existencia. El recorrido vital de Garelly evidencia que la consolidación de las instituciones liberales estuvo lejos de ser un proceso lineal o exento de resistencias.
Del mismo modo, la evolución hacia posiciones más moderadas no es interpretada por la autora como una mera rectificación ideológica, sino como una adaptación a las circunstancias políticas e institucionales de cada momento histórico. Esta lectura evita simplificaciones excesivas y permite comprender con mayor precisión la complejidad de los procesos de construcción estatal en la España contemporánea.
Universidad, política y jurisdicción. Probablemente la tesis central de la obra se encuentre ya anunciada en su propio título. Universidad, política y magistratura no aparecen como ámbitos separados, sino como espacios estrechamente interrelacionados cuyo vínculo resultó decisivo para la consolidación del constitucionalismo español.
La actividad universitaria de Garelly permite observar la importancia de la enseñanza jurídica en la difusión de los valores constitucionales. La creación y reapertura de la cátedra de Constitución, así como la defensa de determinados modelos pedagógicos, reflejan una concepción de la Universidad comprometida con la transformación social y política.
Su participación en la vida parlamentaria y gubernamental pone igualmente de manifiesto la estrecha relación existente entre reflexión doctrinal y acción política. Los debates sobre organización judicial, codificación o instrucción pública revelan una preocupación constante por la construcción de instituciones capaces de garantizar la estabilidad del nuevo orden constitucional.
Finalmente, su acceso a la presidencia del Tribunal Supremo representa la culminación de una trayectoria en la que convergen las dimensiones académica, política y jurisdiccional. Los discursos de apertura incluidos en los anexos muestran una preocupación permanente por la calidad técnica de la justicia, la coherencia del ordenamiento jurídico y la función institucional de los tribunales en un Estado de Derecho.
La obra demuestra con solvencia que estas tres dimensiones no pueden comprenderse de forma aislada. La formación jurídica influye sobre la acción política; la experiencia política condiciona la comprensión del Derecho; y la función jurisdiccional actúa como mecanismo de garantía y estabilización del sistema constitucional.
Consideraciones finales. Nos encontramos ante una obra de referencia para el estudio del constitucionalismo español del siglo XIX. Su interés no deriva únicamente de la recuperación de una figura relativamente olvidada por la historiografía, sino de la capacidad de utilizar esa trayectoria individual para explicar procesos de alcance mucho más amplio.
La investigación desarrollada por Pilar García Trobat destaca por el rigor en el manejo de las fuentes, por la claridad de su planteamiento y por la solidez de las conclusiones alcanzadas. Pero, sobre todo, sobresale por su capacidad para recordar que la construcción del constitucionalismo fue también un proceso cultural y educativo, y no exclusivamente normativo o institucional.
Desde esta perspectiva, el libro trasciende el ámbito estrictamente historiográfico. La reflexión sobre la necesidad de formar una auténtica cultura constitucional conserva una evidente actualidad. La experiencia histórica analizada por la autora pone de manifiesto que la eficacia de las instituciones constitucionales depende en buena medida de la existencia de una ciudadanía capaz de comprender sus fundamentos y asumir sus valores.
En definitiva, la monografía de Pilar García Trobat no solo contribuye a restituir a Nicolás María Garelly el lugar que merece en la historia del constitucionalismo español, sino que ofrece una valiosa reflexión sobre los procesos de construcción institucional y sobre el papel que desempeñan la Universidad, la política y la jurisdicción en la consolidación de los sistemas constitucionales. Por ello, se trata de una obra llamada a convertirse en referencia obligada para quienes se interesan por la historia constitucional española y por la formación del Estado liberal.