Autor
Palabras clave
Tribunal de Justicia
Acción exterior de la Unión Europea
respeto del derecho internacional
conflicto del Sahara Occidental
territorio no autónomo
principio de autodeterminación de los pueblos
Marruecos, potencia ocupante...
Resumen
El 4 de octubre de 2024 la Gran Sala del Tribunal de Justicia (TJ) dictó tres sentencias en respuesta a sendos recursos de casación y a una cuestión prejudicial, en los que se planteaba la interpretación y aplicación de determinados sectores de normas del derecho internacional (DI) y del derecho de la Unión Europea (DUE) con relación al conflicto del Sahara Occidental. El TJ ha reiterado, como no podía ser de otro modo, que el Sahara Occidental es un territorio no autónomo y que el pueblo saharaui tiene derecho a la libre determinación. No obstante, debe ser criticado que el TJ evite reconocer una realidad bien conocida: Marruecos es la potencia ocupante de este territorio, tras haberlo invadido con su ejército a finales de 1975. A pesar de ello y con buen criterio, el TJ por una parte considera que el Frente Polisario dispone de legitimación activa para presentar un recurso de anulación. Por otra, llega a la conclusión de que la Unión Europea (UE), una organización internacional en cuyo tratado constitutivo se preceptúa que debe respetar el DI, no puede celebrar un acuerdo con Marruecos que sea de aplicación al Sahara Occidental sin contar con el consentimiento del pueblo saharaui. Aunque con una argumentación un tanto contradictoria, carente de base jurídica en el DI en vigor, indeterminada e incoherente, el TJ deja la puerta medio abierta para que en el futuro ese consentimiento pueda ser implícito, incluso con la oposición expresa del Frente Polisario.
Keywords
Court of Justice; European Union external action; respect for international law; Western Sahara conflict; non-self-governing territory; principle of self-determination of peoples; Morocco, occupying power...
Abstract
On 4 October 2024, the Grand Chamber of the Court of Justice (CJ) handed down three judgments in response to appeals and a question referred for a preliminary ruling, in which the interpretation and application of certain sectors of international law and European Union law in relation to the Western Sahara conflict were raised. The CJ has reiterated, as might be expected, that Western Sahara is a non-self-governing territory, and that the Saharawi people have the right to self-determination. However, it must be criticised that the CJ avoids acknowledging a well-known reality: Morocco is the occupying power of this territory, having invaded it with its army at the end of 1975. In spite of this, and with good judgment, the CJ, on the one hand, considers that the Polisario Front has standing to bring an action for annulment. On the other hand, it concludes that the European Union, an international organisation whose founding treaty stipulates that it must respect international law, cannot sign an agreement with Morocco that would apply to Western Sahara without the consent of the Saharawi people. Although with a somewhat contradictory argumentation, lacking a legal basis in existing international law, indeterminate and incoherent, the CJ leaves the door half open for such consent to be implicit in the future, even with the express opposition of the Polisario Front.